La aspiración de la ex primera dama Hillary Clinton de llegar -como presidenta- a la Casa Blanca, en estos momentos en terapia intensiva, se sustentaba en su dilatada experiencia política, pero su mensaje se estrelló contra la oferta de cambio de Barack Obama.
¿La hora del adiós para Clinton?
El futuro de los perdedores a la Casa Blanca

Por semanas, el equipo de la senadora por Nueva York apostaba por que los estadounidenses, molestos con la prolongada guerra en Irak, la torpe respuesta del gobierno de George W. Bush al huracán Katrina y temerosos ante una posible recesión económica, se inclinarían por su maestría política labrada en décadas de ejercicio.
Pero Obama, a un paso de ser el candidato presidencial demócrata, conquistó a una nueva generación de jóvenes votantes, dominó el voto de los negros y se ganó la simpatía de blancos acomodados, con su promesa de una renovación de las políticas de Washington.
La propuesta de Obama basada en la esperanza y el cambio fue vital. El envión que lo mantiene por delante de Clinton en la interna por la candidatura demócrata también vino de una inteligente estrategia de captación de delegados y asombrosa recaudación de fondos.
La elección de Clinton de centrar su campaña en su experiencia tenía sentido, ya que no podía exhibirse como una opción del todo novedosa luego de haber sido primera dama por ocho años durante la presidencia de su esposo Bill Clinton.
Pero esta decisión la dejó vulnerable a interrogantes sobre si la experiencia como primera dama es relevante para ocupar la Casa Blanca.
Terra/AFP