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La Liga Árabe intentó infructuosamente este miércoles una mediación en el Líbano para desbloquear el enfrentamiento entre la mayoría libanesa antisiria y la oposición liderada por el Hezbolá, una semana después del estallido de violencia que dejó varias decenas de muertos.
No se anunció ningún avance después de una serie de entrevistas entre la delegación árabe, dirigida por Qatar, y las autoridades libanesas, con las que se pretendía abrir una mesa de diálogo entre las dos partes en conflicto.
Los enfrentamientos armados que estallaron el 7 de mayo entre partidarios de la oposición, aliada de Irán y Siria, y de la mayoría libanesa antisiria, apoyada por los Occidentales y por la mayoría de los países árabes, causaron 65 muertos y 200 heridos, según un último balance, en una oleada de violencia inédita desde la guerra civil (1975-90).
Una semana más tarde, los combates se han detenido, pero no así el bloqueo político: la oposición continúa su campaña de "desobediencia civil" con el bloqueo de carreteras y la mayoría mantiene que no negociará "con una pistola sobre la cabeza".
Según fuentes de ambos bandos, el gobierno anunciará el jueves la anulación de dos medidas tomadas recientemente contra Hezbolá y que ocasionaron el estallido de violencia después de que el potente movimiento chiita libanés las considerase "una declaración de guerra".
Esas medidas fueron el anuncio de una investigación sobre una red paralela de telecomunicaciones instalada en todo el país por el Hezbolá y la destitución del director de seguridad del aeropuerto de Beirut, por su proximidad con el movimiento chiíta.
Una fuente de la oposición matizó, no obstante, que la anulación de esas dos medidas no pondrá fin a la campaña de "desobediencia civil" de la oposición, que reclama el retorno de la mesa de negociación para tratar de salir de la crisis política que sufre el país desde hace 18 meses.
Tras dos días de combates, el ejército congeló ambas decisiones. Los hombres armados abandonaron las calles y el ejército se desplegó.
Como sea, una eventual solución de la situación actual no pondrá fin al conflicto de fondo que enfrenta desde noviembre de 2006 a la mayoría y a la oposición, que estalló tras la renuncia de cinco ministros chiitas e impidió desde entonces la elección de un nuevo presidente del país.
Gran parte de la comunidad internacional vio detrás del "golpe de Estado" de Hezbolá la mano de Irán y Siria, dos enemigos de Estados Unidos.
El presidente estadounidense George W. Bush, que el miércoles llegó a Israel en una nueva gira por Medio Oriente, reafirmó su apoyo al presidente Fuad Siniora y lanzó el martes una seria advertencia a ambos países.
"Condeno enérgicamente los recientes esfuerzos de Hezbolá y de sus padrinos extranjeros en Teherán y Damasco, que apuntan a utilizar la violencia e intimidación para desviar al gobierno y el pueblo de Líbano de su voluntad", indicó Bush en un comunicado.
Los recientes enfrentamientos han aumentado aún más las diferencias entre los sunitas y los chiitas. La mayoría reclama a Hezbolá que se comprometa "a no utilizar las armas contra los libaneses", mientras que la oposición chiita renunció a abandonar su arsenal con la justificación de que son utilizados en su lucha contra Israel.
El antiguo presidente Amine Gemayel, uno de los jefes cristianos de la mayoría, reafirmó este miércoles la prioridad de mantener las negociaciones abiertas con Hezbolá.
Terra/AFP