Papa en España
09/07/2006 - 14:40(GMT)
Madrid, 9 jul (EFE)- Benedicto XVI hizo una firme defensa de la familia tradicional en su viaje a España, pero evitó cualquier crítica explícita al Gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero por iniciativas como la ley que autoriza los matrimonios entre homosexuales.
El Papa permaneció 26 horas en la ciudad española de Valencia, la tercera del país con casi un millón de habitantes, para clausurar el V Encuentro Mundial de las Familias, por lo que se sabía de antemano que expondría los postulados de la Iglesia católica, que sólo bendice el matrimonio entre un hombre y una mujer.
Lo dijo el Pontífice nada más llegar el sábado al aeropuerto de Manises, en donde habló del carácter "insustituible" de la familia clásica, y lo repitió en sus otros cinco discursos, incluida la homilía de la multitudinaria misa con que se cerró el encuentro.
En esa prédica, a la que asistieron en directo un millón de personas, según los organizadores, pidió "reconocimiento" y "ayuda" para mantener el matrimonio tradicional como célula básica de una sociedad cada vez más secularizada.
Desde su perspectiva de teólogo recurrió al ejemplo de la familia de Nazaret para concluir que sólo en ese seno el hombre "puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral".
Los llamamientos a defender las esencias del matrimonio tradicional no los acompañó el Papa de críticas concretas al Gobierno español por la aprobación hace un año de la ley que regula los matrimonios entre personas del mismo sexo.
Esa iniciativa ya ha sido censurada vivamente por el Vaticano en diversas ocasiones: lo hizo el fallecido Juan Pablo II y también el propio Benedicto XVI cuando sólo era el cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
También lo han hecho algunos obispos españoles en el mismo foro que este fin de semana ha clausurado el Papa, y el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, responsable del Pontificio Consejo para la Familia, que en su día llegó a pedir objeción de conciencia a los encargados de aplicarla.
Pero del Papa no ha salido ni una sola referencia directa, pese a que muchos la esperaban, a una ley que no comparte el opositor Partido Popular, que gobierna en la región de Valencia y en su capital y que se ha volcado en esta visita, con sus principales dirigentes a la cabeza.
Los vaticanistas hablan de conciliación y pragmatismo por parte del Pontífice alemán, en línea con la "fina" diplomacia que siempre se le supone a la Santa Sede, porque la ley de la discordia está en vigor y su derogación parece una tarea muy complicada.
Se trata, en consecuencia, como apuntan diversos observadores, de proyectar todos los esfuerzos sobre otros contenciosos importantes que mantiene el Gobierno de España y el Vaticano relativos a la enseñanza de la religión católica y la financiación de la Iglesia.
El propio Zapatero le ofreció diálogo al Papa para tratar de solucionar las diferencias en el encuentro privado que mantuvieron y al que se sumó, por expreso deseo del Pontífice, la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, que se ha erigido en privilegiada interlocutora.
La oferta de diálogo la ha hecho compatible el presidente del Gobierno español con la reafirmación de sus principios laicos y hoy no asistió a la misa solemne con la que Benedicto XVI cerró el V Encuentro Mundial de las Familias, que en su próxima edición, en 2009, se celebrará en Ciudad de México.
Tampoco lo hicieron en su día los presidentes de Francia y Estados Unidos, Jacques Chirac y George Bush, al contrario del cubano Fidel castro o el nicaragüense Daniel Ortega, como ha querido recordar el portavoz papal, Joaquín Navarro-Valls. EFE jc/mm
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