SÍMBOLOS
Mientras el planeta se une en contra del calentamiento global, se escogen las nuevas siete maravillas del mundo. Las dos iniciativas son un esfuerzo por crear conciencia de lo que tenemos y estamos a punto de perder en el mundo.
Las maravillas modernas

Mientras se unen esfuerzos para que ese día no llegue, este sábado 7 de julio de 2007 se conocen las nuevas siete maravillas modernas. Durante meses, sesenta millones de personas alrededor del mundo escogieron entre 21 monumentos cuales eran los siete más imponentes.
En la antigüedad, varios historiadores y arquitectos romanos hicieron listados con las más grandes obras hechas por el hombre. El poeta Antíparo de Sidón en el año 150 AC se propuso unir en una sola todas esas listas. Así aparecieron las siete maravillas del mundo antiguo, obras monumentales de las que hoy solo quedan los recuerdos en los libros, con excepción de la pirámide de Giza en Egipto.
Siguiendo esta idea, el multimillonario y viajero suizo Bernard Weber, impulsó el proyecto de las Siete Maravillas Modernas. La idea es lograr que los terrícolas entiendan la importancia de tantos monumentos regados por el mundo, con la esperanza de que las maravillas elegidas se conserven por más tiempo y no solo sean recuerdos albergados en los libros.
Sea cual sea el resultado, lo que viene para conservar a las nuevas maravillas será una carrera contra el tiempo y requerirá del esfuerzo de los conservacionistas, los gobiernos y todas las personas que año tras año visitan estos monumentos.
El panorama desde ya es negativo. Las maravillas asiáticas por ejemplo ya están perdiendo su esplendor. La Gran Muralla china con sus 6400 kilómetros de largo está acordonada para evitar que el millón de turistas que la visitan cada año la destruyan, lo mismo ocurre en Europa con las ruinas de Stonehenge, en Gran Bretaña.
Pero no solo la intervención directa del hombre podría acabar con estos monumentos. El templo de Angkor en Camboya podría desaparecer con una esas apocalípticas tormentas que ya nos estamos acostumbrando a ver gracias al cambio climático.
Lugares como la isla de Pascua en el Océano Pacífico desaparecerían con sus moais si se llegaran a cumplir las predicciones en el aumento del nivel de los océanos. Este escenario también funciona para la ciudad de Nueva York que podría inundarse y llevarse consigo a la estatua de la Libertad.
Un huracán, otro de los fenómenos que se ha hecho más devastador con el calentamiento global, podría borrar los vestigios de los mayas, una de las más grandes culturas precolombinas: Chichen Itza. La ubicación de las pirámides, en plena península de Yucatán, las hace presa fácil de una tormenta tropical, que con los cambios en el clima son cada vez más devastadoras.
Por eso, ahora con todo el movimiento verde se espera que en cien años los titulares de los periódicos reseñen el cambio positivo que esta generación logró. De lo contrario, más temprano que tarde no va a haber maravillas que admirar o la gente estará tan ocupada por sobrevivir en ciudades barridas por el agua, y paradójicamente sin el líquido preciado y el aire limpio para consumir que no tendrá tiempo de disfrutar lo que quede.
Si las cosas siguen como van, con la desaparición de estos grandes símbolos de la humanidad, se podría estar viendo el fin mismo de la civilización, pues si muchas de las maravillas antiguas resistieron a los embates de las guerras y la naturaleza, muy probablemente las maravillas modernas no lo lograrán con el cambio climático.
Terra.com/ Juliana Bedoya


