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ENFOQUE-Raperos cubanos, amenazados por el reggaeton

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04/09/2007 17:14 (GMT)

Por Esteban Israel

Historia continua abajo

LA HABANA (Reuters) - El rap cubano, un santuario de crítica social, enfrenta hoy un enemigo peor que la intolerancia: el reggaeton.

Los raperos de la isla temen que la abrasadora fiebre del reggaeton, con sus letras frívolas y sacudones pélvicos, los esté condenando al olvido y transformando en una tribu urbana amenazada de extinción.

Un puñado de bandas y MCs gritaron días atrás descontento en la penumbra de un Festival de Rap en Alamar, un suburbio de La Habana donde el rap surgió a comienzos de lo '90, alimentado por la crisis económica y las ondas de radio de Florida.

Según algunos músicos, la Agencia Cubana de Rap, creada en el 2002 para adaptar su rebeldía al paladar revolucionario, está más interesada en el anestesiante reggaeton que la incómoda poesía callejera del rap y el hip hop. Por segundo año consecutivo, las instituciones ignoraron el Festival.

"Ya nadie se enfoca en nosotros, porque el hip hop habla de la realidad, es protesta, ponerse a pensar sobre los problemas," lamenta Mai, una enfermera de 19 años, en el anfiteatro semivacío de Alamar.

"La culpa la tiene el reggaeton. Desde que entró en nuestras vidas, ha sido como una barrera," dijo, mientras jóvenes vestidos con camisetas de la NBA y gorras del Che Guevara "rapeaban" sobre amor, racismo, abusos policiales, balsas a Miami y diferencias de clase en una sociedad donde un teléfono celular define, a menudo, al nuevo rico.

Muchos raperos de la primera ola desertaron y se pasaron al reggaeton, un cóctel de reggae, rap y música tropical que domina hoy las fiestas con hits como "Se me parte la tuba en dos."

Otros, los menos, siguen predicando la "crítica constructiva" del hip hop.

"En mi comunidad / la gente ya no piensa igual / la rutina, la guapanga es la que da (...) Así es como realmente se vive (...) en este mundo / lleno de maldades / gentes desiguales / prejuicios raciales / si eres pobre nada vales," cantó en Alamar la banda Dimensión Oscura.

Cada vez que baja del escenario le dan palmadas de aliento, cuenta el cantante Raysmel, pero luego nadie se atreve a tocar los demos que él y sus amigos graban en estudios caseros a 15 dólares por canción, el equivalente a un salario.

"Los festivales antes se llenaban. Luego entró el reggaeton y, poco a poco, fue decayendo. Se fue perdiendo la cultura del rap," dijo el jóven de 22 años.

"Hoy la Agencia está más puesta para el reggaeton, una fiebre que entró y no se ha podido parar," añadió.

Directivos de la Agencia del Rap no estuvieron disponibles para hacer declaraciones.

RESUCITANDO "LA MOÑA"

Rodolfo Rensoli, el organizador del Festival, dice que el Gobierno perdió interés por el movimiento del rap y lo dio por desahuciado. Su esperanza está en una nueva generación de raperos como Dimensión Oscura, ganadores este año del tercer premio.

"Pensaron que habiendo uniformado el discurso del rap y habiendo propiciado ciertos espacios se había solucionado el problema," dijo el promotor cultural de 41 años, que se define como un "activista social a través del arte."

Tras lanzar el Festival de Rap en 1995, Rensoli bajó del escenario por su excesiva politización, dijo. Regresó el año pasado, decidido, cuenta, a rescatar "La Moña," la jerga con que los jóvenes cubanos bautizaron hace una década a la cultura del rap, el graffiti y el breakdance.

"El rap de hoy es más rico que el de antes. Sigue conservando su identidad y salvó el obstáculo impuesto por el extrañamiento ideopolítico de que lo que viene de afuera es pernicioso," dijo.

Pero, según algunos músicos, la influencia del reggaeton está diluyendo las letras de muchos raperos. Hace unos años, decenas de policías patrullaban el anfiteatro de Alamar. Esta vez, se limitaron a mirar el espectáculo sentados en la última fila.

RAP SUAVECITO

En lugar de reprimir al rap, como ocurrió con el rocknroll durante la Guerra Fría, el Gobierno optó por asimilarlo.

"No queremos un rap mutilado y suavecito para exportar, sino uno que sea perfectamente auténtico," dijo el ministro de Cultura, Abel Prieto, al lanzar la Agencia de Rap en el 2002.

Pero, según algunos artistas, la institución promovió sobre todo a bandas y MCs que no se desviaban demasiado de la línea oficial, ayudándoles a grabar un puñado de discos de escasa difusión.

"Lo primero que (las autoridades) tienen que entender es que esto es cultura, cultura vista de otro modo. Estamos tratando de lograr que el socialismo pueda convivir con lo alternativo," opinó Rensoli, el organizador del Festival de Rap.

El rap se coló en Cuba a comienzos de la década de 1990, a través de antenas fabricadas con perchas o agujas de tejer que los jóvenes montaron en los balcones de Alamar, un suburbio de grises edificios de estilo soviético levantado en la década de 1970 en las afueras de La Habana.

Fue, cuentan, un respiro frente a la crisis económica y el desconcierto tras la desaparición de la Unión Soviética.

Llegó a haber más de 500 grupos de rap en Cuba, unos 200 de ellos en Alamar.

A diferencia de artistas en Estados Unidos como Eminem o Snoop Dogg que se convirtieron en multimillonarios, los raperos cubanos trabajan durante el día para grabar por las noches temas que los productores no escuchan.

Su única historia de éxito internacional es la de Orishas, hoy radicados en Europa.

Según Rensoli, rap y reggaeton son, en realidad, parte del mismo movimiento. En lugar de lamentarse, dijo, los raperos deberían reaccionar.

"Lo que tienen que hacer es facturar algo bailable. Se demoraron tanto en la discusión, que el reggaeton ganó mucho espacio," dijo.

Terra/Reuters

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