Julián Arango: todos nos hemos sentido Beatriz Pinzón Solano
Tal vez el éxito de las novelas se deba al nivel de esperanzas que tenemos todos los latinos, al nivel de encontrar ese cuento de hadas del cual nosotros, por ser románticos y cursis, de alguna forma lo buscamos"
Julián Arango se encuentra en Nueva York, donde presenta la obra de teatro Ríase, el show, junto al también colombiano Antonio Sanint.
Julián Arango© Telemundo
El modisto Hugo Lombardi© Telemundo
Betty, la fea ha tenido tanto impacto que periódicos como The New York Times y The Washington Post le han dedicado artículos. La novela ha logrado sobrepasar las fronteras latinoamericanas y el actor reacciona de inmediato al escuchar la palabra ``fenómeno sociológico'' para calificar el éxito que ha tenido el melodrama colombiano
Cuando se habla de fenómenos, los fenómenos son feos, ¿tú has visto? A lo que voy es que una cosa tan fea, supuestamente que es esta mujer, Beatriz Pinzón, metida en un cuartito, que sea tan general el sentimiento, o cómo se compadece al televidente ante eso. O sea, cómo somos de feos por dentro de algún modo. En algún momento todos nos hemos sentido Beatriz Pinzón Solano, con esa cosa por dentro de humildad, de que no quiero incomodar... pero con un tesón de constancia, de trabajar y trabajar. Pero a nivel global, impresionante.
¿Por qué rechaza calificar a Betty, la fea como un fenómeno?
Reconozco que está muy bien hecha, que tiene muy buenos actores, pero, no es la primera cosa que se venía haciendo en Colombia. Nosotros somos el resultado de un trabajo de muchos años. Nos tocó ahora a nosotros. No entiendo el fenómeno, no me cabe en la cabeza que sea un fenómeno porque es elemental. A lo mejor es eso, es que es muy simple. Se hace contra dos paredes, no hay un efecto especial, está el ser humano. A lo mejor es que no se había mostrado al ser humano.
En Latinoamérica las novelas siguen siendo un elemento fuerte, ¿a qué atribuye que siga siendo así, especialmente la atracción por este melodrama?
Creo que es al nivel de esperanzas que tenemos todos los latinos, al nivel de querer llegar y encontrar ese príncipe azul, de querer llegar a encontrar esa gran princesa, ese cuento de hadas del cual nosotros, por ser románticos y cursis, de alguna forma lo buscamos. Esa forma de que algún día me tocará a mí la vida con una varita mágica y me dirá: tu eres el elegido.
¿Considera entonces un mecanismo de escape de la realidad las telenovelas en Latinoamérica?
Claro, porque empiezas con tu imaginación y tu fantasía a recrear unos universos que no estás viviendo en la vida real y que te permite, te da la libertad de soñar, que no hay nada más lindo.
¿A qué atribuye entonces ese éxito?
A la realidad. Los personajes son reales, es gente de verdad, las situaciones son de verdad, se toca al ser humano, se muestra al ser humano de verdad, cómo es. Es cruda, es de verdad.
Su personaje es excéntrico, egoísta, sólo piensa en lo que debe ser bonito. ¿Qué tiene Hugo Lombardi de Julián Arango y viceversa?
Trabajé siete años en publicidad, por lo tanto, tengo el constante ejercicio de la creatividad. Estar creando siempre. Me dijeron que es como un músculo, que el cerebro usted lo tiene que desarrollar y si no se le atrofia. Hugo Lombardi tiene lo mismo: él está en constante creación, creando, pintando, dibujando, fantaseando, imaginando, rompiendo esquemas. En ese sentido, estamos en lo mismo. En personalidad, somos muy distintos. El es extrovertido y yo soy súper tímido, observador, él no se guarda nada. Si tiene oportunidad de decirle las cosas en la cara a la gente se las dice, yo soy mucho más guardado.
¿Ha sido un reto interpretarlo?
Sí, bastante. Tengo que estar muy despierto, muy concentrado. Me ha costado mucho trabajo eso y hay momentos en que sé que no está saliendo porque no estoy pensando en lo que tiene que estar pensando el personaje: el mirar los colores, las formas, la estética, cómo está todo diseñado, cómo está todo puesto. Es un momento súperneurótico que hay que sacar, muy vivo tengo que estar y a mí me gusta dormirme a veces un poco, como que dejar que la vida pase, como que no preocuparme tanto. Entonces, sí me exige una cantidad de concentración.
¿Cómo ha reaccionado la comunidad homosexual al personaje?
No he tenido ningún problema hasta el momento. Creo que a los homosexuales les gusta el protagonismo. Entonces, de por sí se les está dando un realce, no me estoy burlando de ningún homosexual. Estoy haciendo un personaje, estoy tratando de no defraudar al personaje, no miro para afuera sino que el personaje de verdad sienta cosas, que experimente cosas. He conocido muchos gay en Colombia porque obviamente se me acerca gente, me felicitan mucho y no he tenido ningún problema en la calle por este personaje.
¿Cómo ha cambiado su carrera esta serie? Me ha abierto la visión, nunca pensé que fuera a llegar a los sitios a los que llegó ni que haya generado los movimientos y las cosas que ha generado. Entonces, como que se me abrió el espectro y dije: pues no es solo Colombia la vida, hay que conocer el mundo. Ese éxito significa que hay una responsabilidad. Toca empezar a hacer las cosas bien hechas, seguírmela gozando, pero con una conciencia social.
¿Cree que se podrá desprender de Hugo Lombardi?
Sí, claro, estoy seguro que lo voy a poder hacer.
Un factor que contribuyó al éxito de Betty, la fea, es que se salió del estereotipo que presenta de la protagonista de otros melodramas. Hay quienes creen que el cambio físico de Beatriz lleva a la novela a parecerse a las otras. ¿Está de acuerdo con el cambio?
Sí, ha perdido un poquito, pero es normal, por la estructura de la novela de por sí, siempre entra en unos bajones. Yo no hubiera hecho el cambio. Hubiera hecho la última escena que todos pensaran que fuera Betty, la fea y que Armando le levantara el velo y estuviera bonita. Que se dieran el beso y fin.
¿Cómo es Julián Arango?
Soy tímido, una persona callada, observadora, introvertida completamente, me gusta mirar, no me gusta incomodar a nadie, ni me gusta que me incomoden tampoco. Me la paso pensando, soy como un niño todavía.
Pero en el escenario es diferente. ¿Qué significa para usted ese escenario?
Es mi gran momento de decir verdades, de llorar, de sentirme... de volar, es un vuelo total. Me pasó una cosa con Hugo Lombardi y es que de golpe, Julián lograba mirarlo. Súper loco. Reconozco que este trabajo es muy esquizofrénico y desquiciante, pero, de golpe, veo a este señor moviéndose y haciendo cosas y digo: tengo esta facultad, este regalo de la vida de poder meterme en otros seres, navegar ahí y volverme a salir, conocer otros mundos y yo soy otros mundo.
¿Sueña con dirigir?
Totalmente, pero en este momento no estoy en edad para una responsabilidad tan grande.
EFE/Ruth Fernández Beltrán



