Guerra de clases en Colombia en versión para TV
Los melodramas de las tradicionales telenovelas colombianas rivalizan con un programa que parece inspirado en las enseñanzas del artífice del comunismo, Karl Marx.
No es un documental patrocinado por el presidente venezolano Hugo Chávez, famoso ya por sus discursos anticapitalistas, ni una serie de aventuras del puñado de grupos guerrilleros que han surcado este país por cinco décadas.
Los principios expuestos por Marx en su teoría de lucha de clases resucitaron en Colombia en uno de los más exitosos productos de la sociedad de consumo: un "reality show".
La lucha entre ricos y pobres que el filósofo alemán inmortalizó es explotada todas las noches en Desafío 2006, un programa que transmite Caracol, la cadena televisiva del hombre más rico del país y símbolo del capitalismo en Colombia, Julio Mario Santodomingo.
En cada capítulo un equipo de las clases alta, media y baja luchan entre sí ante las cámaras para llevarse un premio final de unos 300.000 dólares.
"El programa es muy similar a la vida real", dijo la vicepresidenta creativa de Caracol Cristina Palacios. "Es un laboratorio para ver si personas de clases sociales tan diferentes pueden convivir".
En un país que sufre una guerra civil desde hace medio siglo y padece altísimos niveles de concentración de riqueza, la versión endulzada que presenta el programa sobre las divisiones sociales que sufre Colombia ha sido fuertemente criticada.
Igual que en 1938, el 50% de colombianos controlan sólo el 15% de la riqueza del país, según cifras del Departamento de Planeación Nacional, una entidad gubernamental.
El crítico de televisión Germán Yances consideró que "el programa ha utilizado los estereotipos para explotar las divisiones sociales".
Desde su lanzamiento en julio el Desafío 2006 puntea en los índices de audiencia, aunque no ha superado a otros "reality shows" que lo sucedieron.
Quizá falló porque no detonaron las horribles diferencias de clase que padece Colombia, aunque los productores lo intentaran.
Los productores conformaron tres equipos: los privilegiados (ricos), los rebuscadores (clase media) y los llevados (pobres) y los enviaron a una playa en República Dominicana, en donde lo primero que hicieron fue recordarles su lugar en la jerarquía social colombiana.
Los privilegiados llegaron directo a un lujoso hotel donde les servían vino blanco y langosta. En la jerga del programa, el sitio era "playa alta".
Los rebuscadores sólo pudieron llevar tres mudadas y otras cuantas pertenencias a "playa media", que tenía algunas comodidades pero no suntuosidades.
Para los llevados, en "playa baja", escaseaba la comida y dormían en un fría cueva de piedra, sin ninguna pertenencia.
Con casi el 50% de población sobreviviendo con menos de tres dólares al día y una guerra interna de medio siglo, este último caso simula bien la pobreza de muchos colombianos.
El reto del programa consiste en mejorar "socialmente": Ganar pruebas físicas y mentales para dormir en "playa alta".
Tras perder varios eventos, los privilegiados no tuvieron más remedio que irse acostumbrando a la "playa baja".
Entre ellos Juan Camacho, un corredor de bolsa educado en una elitista escuela en Bogotá, expresó que antes de participar en el programa nunca se había relacionado "con personas tan pobres".
Eileen Moreno es símbolo de la clase media, que según el programa se abre puertas a fuerza de iniciativa y trabajo. "Todo lo que he conseguido lo hice por mi cuenta", declaró. Ahora intenta lanzar una línea de ropa y completar sus estudios en la universidad.
Uno de los "llevados", Manuel Velasco, que trabaja en una chatarrería y es padre de familia, aseguró que "haber nacido pobre en Colombia es como una maldición".
Los tres hablaron con AP después de ser eliminados de las competencias en una votación entre el resto de los participantes que los someten a un "juicio".
En los primeros capítulos los "llevados" y los "privilegiados" se insultaban constantemente, mientras los "rebuscadores" intentaban mediar. Pero las diferencias se fueron esfumando.
El final será televisado a mediados de octubre, aunque la filmación ya terminó.
"Las amistades más fuertes son ahora entre privilegiados y llevados", dijo Palacios.
Velasco invitó a varios privilegiados al cumpleaños de su hija. "No creo que nos veamos a menudo... ellos tienen una vida muy distinta a la mía", dijo.
Las críticas consideraron el espectáculo una pobre ilustración de los problemas sociales que sufre Colombia.
"Este programa no capta lo complejo que es el conflicto social en este país", explicó Salomón Kalmanovitz, un economista que fue directivo del banco central del país. "Colombia sufre una guerra civil con raíces en la lucha de clases y frivolizar con ello es mentirle al público", añadió.
Para el secretario general de la Juventud Colombia Comunista, Alfredo Holguín, "las telenovelas colombianas siempre han representado el sueño de que es posible escalar en la jerarquía social del país, y ahora estamos viendo otra fórmula para mostrar la misma ilusión".
Velasco, elogiado en el programa por su inteligencia y ambición, ha vuelto a la realidad e igual que antes de aparecer en el "reality show" gana unos 200 dólares al mes.
A sus 27 años su mayor objetivo es estudiar, pero trabaja 14 horas al día para mantener a su hija y pagar el alquiler en una casa con piso de tierra y ladrillos desnudos en uno de los barrios más pobres de Bogotá.
"Soy un poco más famoso, pero nada ha cambiado", lamentó.
Terra/AP




