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La calle del Jazz latino

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Calle 54 es un homenaje del cineasta español Fernando Trueba al llamado jazz latino. Es el documental de un hombre enamorado de la música a la cual rinde tributo y de la única forma que sabe hacerlo: con la cámara.

Fernando Trueba confiesa que todo comenzó cuando Nat Chediak le regaló hace unos años un disco de jazz latino. Según sus palabras, la música amuebla nuestra existencia, toca nuestro corazón con armas indefinibles. Y es cierto. Eso es precisamente lo que nos deja el filme.

Calle 54, filmado en un estudio de grabaciones neoyorquino que da título al documental, no está hecho sólo para los amantes de la música, sino también para aquellas personas que son sensibles de emocionarse ante un hecho estético, de deleitarse con la música. Y cuando se trata de música como esta no hay que pedir más. Aquí hay de todo como en botica.

Poster del documental

Escena del documental

Si de música se trata, precisamente, en esta cinta se dan cita algunas de las más grandes figuras del género.

Abre con Paquito de Rivera con su pieza Panamericana donde están mezclados elementos y sonidos de latinoamérica, desde el Bossa Nova de Brasil, el cuatro venezolano y el bandoneón del Rio de la Plata.

De aquí asistimos a la sentida y sensual representacion de la pianista brasileña Elianne Elías, pasando por Jerry y Andy González, Gato Barbieri, Chico O¿Farril, la magistral interpretación de Michell Camilo , Cachao, Bebo y Chucho Valdés, Chano Dominguez, Carlos Patato Valdés, Orlando Puntillita Ríos y el desaparecido Tito Puentes, el rey del timbal, que cobra vida de nuevo en la pantalla, como para decirnos que él se fue, pero su arte nos queda.

Trueba no deja hablar mucho a ninguno de sus músicos, con la excepción de Tito Puentes quien nos informa de los creadores de la fusión del jazz latino y lo que hicieron. El director, por su parte, nos hace pequeñas narraciones, para presentarnos facetas de los interpretes. Pero es suficiente. Ellos mismos se presentan con el lenguaje que mejor saben hablar: la música y el sentimiento que sale de sus instrumentos.

Para muestra un botón: tal es el el caso del pianista flamenco Chano Domínguez, los músicos y el bailarín que lo acompañan. Después de esto: ¿quién dice que el flamenco no se fusiona a la perfeccción con el jazz?

Por su parte el cineasta demuestra su maestría y el dominio del oficio en la colocación de las cámaras y las luces, el tratamiento que le da a cada uno de los músicos, donde cada cual tiene un entorno con colores diferentes, tal y como si quisiera contarnos las historias de estos, una a una, individualizadas y separadas con el efecto propuesto, sin embargo integradas a un conjunto que da forma al documental.

Los primeros planos de manos y expresiones nos van dando el ambiente, el montaje cinematográfico toma la partitura musical y de esta misma forma edita los planos. ¿El resultado? Bueno, pues es mejor verlo. No en balde la cinta se alzó con el premio de la votación popular otorgado por el público más latinoamericano que asiste a los festivales de cine de los Estados Unidos, me refiero al del Festival de Cine de Miami.

En esta calle, lo que importa es la música, el jazz latino. Es asistir en un palco de privilegio a un concierto de algunos de los grandes del género, recreando algunas de sus mejores composiciones y como en el caso de Bebo y Chucho Valdés, presenciar como padre e hijo se reúnen a dos pianos, para legarnos la inolvidable interpretación de La Comparsa del compositor cubano Ernesto Lecuona.

Cuando se encienden las luces del cine al terminar Calle 54, no podemos menos que darle la razón a Chucho cuando le dice a su padre: ¿Aquí el que pida más está loco¿.

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Terra / Rubén Lavernia

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