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El realismo de su película, que pareciera tener tintes documentalistas, radica en el dato que el entrevistado revela: "Si hablamos de que hay 45 millones de personas en el hambre en nuestro país, sabremos que hay 45 millones de personas en situación límite, como mis personajes, ni más ni menos".
Con una filmografía que incluye más de 20 títulos de largometrajes y numerosos cortos, muchos de los cuales son referentes en el cine mexicano actual, esta película "es una jornada trágica.
Refleja la costumbre mexicana de hablar de los que no están con nosotros siempre que se está bebiendo".
Dijo que en la realidad, como en su película, las historias cambian porque los que las relatan les añaden cosas y las vuelven fantásticas. "Los desaparecidos se vuelven héroes que nadie conoció; me tomé la libertad de presentar a las almas en pena, las de los vivos, porque las de los muertos no tienen penas". En su filme, el cineasta habla con un lenguaje coloquial y divertido, de arrabal y bullanguero, desenfadado y sin prejuicios de ningún tipo, como hablan quienes no tienen nada que ocultar, porque se desenvuelven siempre entre sus iguales, alejados todos ellos de la falsa sociedad de consumo y apariencia.
Sin embargo y en un tono más severo, el director de cine advirtió: "La película nos recuerda que en México hay muchísima gente en la miseria, y eso le quita algo de divertido a mi trabajo. No necesariamente el cine es una crítica a las estructuras políticas, pero inevitablemente es una situación testimonial".
Terra/Notimex