Una cantante y pianista estadounidense que, con una voz cálida e íntima y una sencillez poco común en el medio artístico, ha enamorado a medio mundo. Su música combina elementos de jazz, soul y country.
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Norah Jones y su madre vivieron en Nueva York hasta que la niña cumplió cuatro años. Entonces se mudaron a Grapevine (cerca de Dallas, Texas), donde vivió hasta los veinte. En su casa nunca faltaron discos de los clásicos del blues y del jazz: Billie Holiday, Etta James, Aretha Franklin, Ray Charles, Bill Evans, Joni Mitchell... A la influencia musical materna hay que sumar la que recibió de su abuela, una apasionada del recio country de los outlaws, desde Hank Williams a Willie Nelson.
Norah Jones empezó a estudiar canto y se sumó al coro de la iglesia para cantar gospel, al tiempo que iniciaba las clases de piano y saxofón (a los siete). Estaba lejos de ser una alumna modelo: era bastante vaga y dejó el estudio varias veces. Sin el esfuerzo de su madre, su abuela, y sus profesores Renetta Frisque y Julie Bonk, probablemente hubiese abandonado el camino musical.
Cuando creció se matriculó en una escuela de artes y nunca faltaba en las actuaciones para cumpleaños y concursos musicales. Su primer contacto con el jazz lo tuvo en Dallas, al ingresar en su adolescencia en el Instituto Broker T. Washirable. En 1996 y 1997 ganó varios premios de interpretación y composición para estudiantes. Al finalizar el instituto entró en la Universidad de North Texas, donde estudió piano y teoría en el programa de jazz. Allí se especializó en teclado de jazz y formó su primer grupo. De ahí pasó a tocar el piano y cantar regularmente en un restaurante italiano.
Con veinte años cumplidos, Norah Jones volvió a Nueva York para unas breves vacaciones y ya no quiso volver a Texas, para disgusto de su madre. Poco antes había tomado contacto con un grupo de músicos de aquella ciudad y quedó prendada. Una vez en ¿La gran manzana¿, pronto hizo pie en el fértil circuito de garitos de conciertos de Greenwich Village y colaboró con diversas bandas.
Durante dos años se ganó la vida cantando en salones de jazz, almuerzos y happy hours, muchas veces ante menos de quince personas y cobrando sólo de las propinas que les daban los parroquianos. Sin embargo, en esa época supo que quería vivir de cantar en vivo y que iba a hacer todo lo posible por lograrlo. Abandonó la universidad, empezó a escribir sus propias canciones, formó parte del combo de funk fusion, Wax Poetic, y finalmente montó su propio grupo con el bajista Lee Alexander, el guitarrista y compositor de Don't Know Why, Jesse Harris, y el baterista Dan Rieser. Por esa época se estabilizó como cantante en el club nocturno The Living Room.
Terra/Agencias