Camino al Oscar
Idéntico resguardo plástico mantenía también por el momento el gigantesco Óscar de varios metros de altura que monta guardia ante la escalinata de acceso al teatro, lo que le confiere un aire de templo al que contribuían los amplios cortinajes que se esmeraban por colocar los operarios.
Unos cortinajes que, aparte de lucir magníficamente en pantalla, se ocupan cuidadosamente de hurtar del encuadre todo cartel publicitario que no haya cotizado como es de rigor para ser visto por los millones de telespectadores de la gala más esperada del año.
Al aire de templo del cine que embarga a este edificio del bulevar Hollywood contribuyen también las famosas estrellas con nombres de celebridades que adornan las aceras del entorno, y que, aunque sin difunto debajo, se asemejan a las lápidas nobiliarias tan frecuentes en los suelos de las más viejas iglesias cristianas.
Y para el que no tenga bastantes referencias religiosas, a espaldas del teatro integrado en el complejo comercial Hollwyood & Highland Center se alzan dos colosales columnas con elefantes rampantes a ambos lados de una imaginaria puerta de Babilonia.
Una decoración de muy libre inspiración mesopotámica que, entre anuncios gigantescos de refrescos, trae a la memoria inevitablemente el decorado de otro templo del celuloide, la muda "Intolerance", de David Wark Griffith, y recuerda al más despistado que está en la meca del cine, por si es que no se había dado cuenta todavía
EFE



