Por Rocío Ayuso
"Creo que si algo sucedió es que cuando ahora los jóvenes vayan con películas mexicanas a los mercados internacionales, todos los distribuidores querrán verlas", expresa orgulloso recordando que en sus comienzos o los de sus amigos no solía ser así.
"Y luego dependerá de las películas si se compran o no", remata subrayando ante todo que lo importante es la calidad de la obra.
A nivel personal, Cuarón acudirá a la ceremonia de los Oscar junto a sus amigos y con su segunda esposa, Annalisa Bugliani.
Irá cansado porque acaba de llegar a Los Angeles, después de posponer en varias ocasiones su vuelo desde Londres, donde reside por catarros propios y de sus dos hijos.
"Yo no soy mucho de este asunto", explica sobre una ceremonia por la que muchos en Hollywood matan, en sentido figurado, pero a la que Cuarón no había prestado antes ninguna importancia.
"Estaba haciendo "Harry Potter y el prisionero de Azkaban" y la niña estaba chiquita, de tres meses, y me hice la vida fácil", dice.
Ahora es muy distinto porque además de la compañía de sus amigos quiere una estatuilla.
No habla de las que pueden llevar su nombre sino de esa otra que iría grabada a nombre de Lubetzki, su constante director de fotografía.
"Es más que mi fotógrafo, mucho más, mi compañero de narrativa, mi co-cineasta, alguien con quien tengo una comunicación tan telepática y que nos estamos retando todo el tiempo", anota.
Así se le llena la boca al hablar de ese otro amigo al que, finalmente, espera ver recompensado con el Óscar en la cuarta candidatura de su carrera. EFE
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