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Pregones de Lima, al rescate de una ciudad que ya no existe

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10/07/2007 - 07:33(GMT)

Paco de Campos Lima, 10 de julio (EFE)- Las antiguas tradiciones limeñas en forma de canciones populares y pregones, en voz de los viejos vendedores ambulantes, se esfumaron con el tiempo, pero un grupo de eruditos se ha propuesto rescatarlos.

Historia continua abajo

El escritor peruano Ricardo Palma ya se lamentaba a finales del siglo XIX en su libro "Tradiciones peruanas" de que, con la desaparición de los pregones, Lima "había ganado en civilización, pero perdido poesía".

Estas coplas se iniciaron en el siglo XVI, cuando la pujante capital del Virreinato atrajo a multitud de comerciantes que anunciaban "sobre todo productos alimenticios", según dijo en entrevista con Efe el historiador y escritor Luis Enrique Tord.

Cada producto tenía su canto, así como cada vendedor su traje y un perfil específico, tal y como se observa en las acuarelas que Pancho Fierro pintó en la Lima decimonónica.

La tamalera, por ejemplo, montaba en mula y de ella colgaban sendas canastas con tamales criollos y serranos.

Además, cada producto tenía un horario que estaba regulado por los hábitos de la ciudad, "que los comerciantes conocían y aprovechaban", explicó Tord.

La lechera era la primera en llegar, a las 6 de la mañana; sin embargo, "los dulces no aparecían hasta la tarde, después del almuerzo", añadió.

Ricardo Palma lo plasmó en sus escritos: "para saber la hora no se consultaba el reloj, sino los pregones que los vendedores ambulantes recitaban".

Según Tord, esta tradición surge del cruce de "la tendencia indígena a hacer el Ccatu (mercado en Quechua) en la vía pública" y de "la influencia árabe de ofrecer los productos gritando y cantando" que existía en las ciudades de la cuenca mediterránea y que los españoles llevaron a Perú.

Hoy ya no se escuchan los viejos refranes en Lima, por eso la empresa española eléctrica Endesa, impulsada por el empeño de varios eruditos como el escritor Luis Enrique Tord y el músico Luis Alva, ha apoyado la edición del libro de colección "Lima y sus Pregones", que cuenta la historia de estas tradiciones.

La obra también consta de un disco compacto y vídeo con los temas musicales, así como una selección de acuarelas de Pancho Fierro.

Esto ha sido posible gracias al legado de la compositora lírica Rosa Mercedes Ayarza de Morales, nacida en 1881 en Lima y quien recuperó a principios del siglo XX los pregones que había escuchado en su infancia.

Según Tord, Rosa Mercedes fue "una niña prodigio que, con ocho años, interpretaba al piano composiciones importantes de tipo clásico y popular en los salones de la época".

Vivió, además, el proceso de reconstrucción nacional que siguió a la Guerra del Pacífico, una etapa de evolución política e intelectual en la que, a la manera romántica, se reivindicaba la historia de Perú a través de las artes.

Como parte de ese movimiento, Ayarza de Morales se dedicó al rescate de la música tradicional que amenazaba con desaparecer, pues hasta entonces sólo se trasmitía "de forma oral por grupos de negros y zambos que siempre fueron el baluarte de la música criolla", explicó el escritor peruano.

Así surgieron los "Antiguos Pregones Limeños", un programa de composiciones originales estrenado el 30 de noviembre de 1937 en la sociedad "Entre Nous", y en los que, según Tord, "Rosa Mercedes estiliza el original y crea una obra de arte".

Estas piezas musicales han sido recogidas por voces contemporáneas de la lírica peruana en el trabajo recién editado, con la colaboración de la agrupación Prolírica y de alumnos de la propia Ayarza de Morales, como el barítono Armando Villanueva.

Tord destacó la "importancia" de conservar estos pregones, y añadió: "Tienen su lugar en la reconstrucción de lo que podríamos llamar la identidad nacional".

En definitiva, se trata, en palabras del historiador, de la reencarnación "de una Lima que se fue": una urbe boyante, alegre y colorista, que un día fue capital del Virreinato y que en 1998 le valió el título de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. EFE fcg/erm/tcr (con fotografía)

Terra/EFE

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