Una nueva producción de "Un Ballo in Maschera" de Verdi busca causar escándalo, al ambientar la ópera entre las ruinas humeantes de las Torres Gemelas de Nueva York e incluir gran número de cuerpos maduros desnudos y Hitler vestido de mujer.

La producción del teatro Erfurt, en escena hasta el 30 de mayo, incluye cantantes caracterizados como Hitler, el Tío Sam y Marilyn Monroe. A éstos se suman 35 figurantes de entre 50 y 69 años de edad vestidos tan solo con máscaras del Ratón Mickey, que representan lo que el regista Johann Kresnik llama las "víctimas del capitalismo".
"La cultura norteamericana que está sofocando a Europa es inseparable de la política del poder estadounidense", dijo Kresnik a The Associated Press. "Eso incluye McDonald's, el Ratón Mickey y también la cultura del sexo".
"Un Ballo in Maschera", cuyo argumento se basa en el asesinato en 1792 del rey sueco Gustavo III, causó polémicas desde antes de su estreno, en el Teatro Apollo de Roma en 1859. La censura obligó a Verdi a ambientarlo en la ciudad norteamericana de Boston, en épocas de la colonia, en lugar de una corte europea.
La dramaturgia de Kresnik demuestra que el escándalo es buen negocio.
Un torrente de críticas adversas no impidió que se agotaran las entradas a todas las funciones antes del estreno. Y a pesar de las reacciones negativas del público _se han escuchado abucheos tras algunas funciones_ los fanáticos de la ópera no dejan de acudir.
El director austríaco de 68 años es célebre por su tendencia marxista, que nunca deja de destacar, y la abundancia de los desnudos en sus producciones.
En cuanto a las ruinas del Centro de Comercio Mundial, dijo que constituían una "imagen increíblemente poderosa y sugestiva", adecuada a una "interpretación novedosa y altamente política".
La violencia y el sexo no son novedad en las producciones de ópera en Alemania, con su tradición de Regietheater, que da al director autoridad ilimitada para reinterpetar obras clásicas.
Kresnik defendió su versión de "Ballo" con el argumento de que Verdi se vio obligado a modificar la ambientación.
"No alteré la música ni el texto de Verdi. Sólo di otra interpretación a la ópera", dijo Kresnik.
Terra/AP