Benicàssim (Castellón, España), 21 jul (EFE)- El cantante canadiense Leonard Cohen, que regresó a los escenarios españoles después de quince años, tiró anoche por tierra el tradicional concepto del festival de verano para convertir el de Benicàssim, en Castellón (este), en un gran teatro al aire libre.

Vestido con sombrero negro, el mismo color que el chaleco y el pantalón, y con una camisa gris que se ha arremangado, el también poeta y compositor ha regresado a un escenario español, tras 15 años de ausencia, junto a una banda de seis músicos y tres coristas que le han acompañado a la perfección durante un recital de una hora y diez canciones, todas ellas entre sus más conocidas piezas.
El vals de "Dance me to the end of love" ha marcado el inicio de un recital, donde su enorme talento y su glorioso pasado ha conquistado a un público entregado, respetando su arte tranquilo, quizá el menos acostumbrado a escucharse por estos lares, que a muchos se antojaba complicado para un entorno como el Festival Internacional de Benicàssim (FIB) Heineken.
Permanentemente agradecido a los asistentes, ante quienes se ha quitado el sombrero cada vez que recibía una de las constantes ovaciones que le han brindado, y a los miembros de su también elegante banda, el sonriente trovador de las miserias humanas ha vuelto a prestar su voz quebrada para recitar "Bird on a wire", "Everybody knows", "Who by fire", "Suzanne" -40 años después, la ejecuta con su guitarra-, "Hallelujah", "I'm your man" y "First we take Manhattan".
Con "Hallelujah" se ha vivido posiblemente el primer gran rezo colectivo del festival en sus catorce años de historia, con brazos al cielo durante el estribillo, niños pequeños a hombros de sus emocionados padres y alguna lágrima entre varias "fibers" que descubrían hoy a este "señor tan guapo y elegante".
Además, su "I'm your man", ese larguísimo ruego para ser correspondido por la amada que 22 años después sigue sonando tan actual como entonces, ha traído paz a un festival acostumbrado al derroche sonoro y al culto al decibelio, aunque ha generado también bastantes reproches del público "mayor" hacia los jóvenes que pasaban por allí vociferando. EFE cbr/fv/may
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