Mar Marín Buenos Aires, 7 oct (EFE)- A punto de cumplir 48 años, el rockero español José María Sanz, Loquillo, carga contra los nostálgicos de la "movida", reivindica la independencia frente al poder y lamenta que en España haya "temas de los que todavía no se puede hablar", en una entrevista con Efe en Buenos Aires.

Loquillo participó el domingo en el Festival Pepsi Music y presentará hoy en la capital argentina su último trabajo, "Balmoral", como parte de una gira que le llevará también a Perú y Uruguay.
"Balmoral" es un homenaje al local madrileño del mismo nombre donde solían reunirse músicos y artistas, en el que ha grabado un tema con el francés Johnny Hallyday que ha sido nominado a los Grammy Latinos.
Un premio que no le quita el sueño, porque a estas alturas de su vida tiene "otras cosas como prioridades" y "lo importante es salir al escenario y hacer bien las cosas".
Loquillo se define como un "clásico", con un público "intergeneracional", pero, matiza: "Yo elijo a mi público, el público no me elige a mí".
Una declaración muy propia de un músico que presume de no ser un "artista humilde".
Veinte años después de popularizar "Rock and Roll Star", sostiene que el rock no está en vestir un pantalón de cuero o rasguear una guitarra, sino "en un poema de Antonio Machado, en una canción de Jacques Brel o en un tango de Gardel".
"El rock es una actitud y una manera de enfrentarse a la vida" y "ha inspirado todo", dice, aunque critica que ahora "todo el mundo quiere ser rockero, hasta los cantautores, todos quieren aparentar que son gente dura, pero el lado salvaje de la vida es levantarse a las cinco de la mañana para ir a trabajar".
Personaje puntero de la "movida" madrileña de los años 80, Loquillo no mira hacia atrás con nostalgia.
"Los 80 fueron un espejismo de una España que pudo ser y no fue.
Un cambiar las cosas para volverlas a dejar donde estaban, con otra cara. Para mi, una frustración", lamenta, y carga contra el "revival" de esta "España de la movida" que, a su juicio, es un "ejercicio de cuarentones que reivindican una época que vivieron con intensidad".
Sin pelos en la lengua, denuncia la falta de apoyo público a la industria discográfica española, el compromiso de algunos artistas con el poder y la censura que, dice, todavía no ha desaparecido en España.
"Queda muy bien eso de ser un artista comprometido, el problema es cuando eres una artista comprometido y las ideas que has defendido son las que gobiernan. Entonces ya no eres un artista comprometido, eres una artista del poder, esa es la diferencia", afirma.
"En España conozco a artistas comprometidos con la defensa del poder. Otros han hablado claro y directo sobre algo y han sido censurados automáticamente y no han vuelto a salir ni en las radios ni en las televisiones. En España hay censura, ¿es que ha dejado de haberla alguna vez", se pregunta.
Sus dardos apuntan en todas direcciones: "De la misma manera que existe una derecha que impide que exista en España una derecha moderna, europea, también existe una izquierda anclada en planteamientos caducos que no mira hacia adelante".
Al Estado le pide que ayude a la industria discográfica "a salir del agujero" porque se está dejando que "se hunda una parte importante de la cultura" del país y "a nadie le importa".
Procedente de una familia de tradición anarquista y republicana, José María Sanz defiende el derecho de los ciudadanos a conocer el paradero de las víctimas de la guerra civil española (1936-1939).
"Todo el mundo tiene derecho a enterrar a sus muertos", afirma, aunque lamenta que en la polémica suscitada en España por la búsqueda de fosas comunes de víctimas de la guerra pocos hablen de la depuración de los grupos anarquistas a manos de facciones estalinistas.
"Me gustaría que todas las víctimas de la represión tuvieran el mismo derecho, y que se diga. Me gustaría que todos los ciudadanos de mi país estuvieran en paz, independientemente del bando (en el que lucharon)", sostiene.
Veinte años después de proclamar "para ser feliz quiero un camión", uno de sus temas más populares, Loquillo encuentra la felicidad en hacer su trabajo de "forma honrada".
"Que no me toque examinarme cada día y que no tomen nuestro trabajo como un divertimento, sino como un oficio", agrega.
Después de tanto camino recorrido, sigue creyendo "absolutamente en la independencia" y asegura que el "éxito real es poder decir que no". EFE mar/ar (con fotos y vídeo)
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