El rock se sublima cuando eleva su temperatura bajo el arrullo de las cuerdas: violines, violas y cellos que alargan el delirio de la guitarra y de las voces de algún tema que ya ha hecho de las suyas en el Top Ten para conjugarlo a la novena potencia y hacerlo eterno.
Soda Stereo cumplió su tiempo sobre la faz de la Tierra y ahora le toca al visionario Cerati seguir adelante con el mensaje sonoro de una banda que fue, es y será una de las más queridas, imitadas y respetadas del circuito Latinoamericano de rock de todos los tiempos.
Pero haciendo memoria fue el grupo británico Deep Purple el que se atrevió a montar un espectáculo llamado "Concerto For Group and Orchestra" compuesto por el tecladista Jon Lord, allá por el 72 junto a la Royal Philarmonic Orchestra dirigida por el afamado Malcolm Arnold en el Royal Albert Hall de Londres, causando asombro y encendiendo numerosas polémicas sobre la supuesta actitud blasfémica de la generación roquera al unir fuerzas con el gremio clásico.
También se recuerdan ensambles rocko-sinfónicos de gran nivel con gente de la talla de Procol Harum o Electric Light Orchestra. Las adaptaciones de "Tommy" de Los Who con coros y orquesta, la sutileza de The Move, los discos del tecladista Rick Wakeman (de Yes), el soundtrack de "El Exorcista" de Mike Oldfield, las emotivas aportaciones de Alan Parson's Project o la alucinante ejecución de Grand Funk Railroad con su "Loneliness" que hace algunos años se tocó a toda lumbre en el Greek Theatre de Los Angeles a beneficio de las víctimas de Bosnia.
Y algunos otros iluminados más que supieron mezclar el delirio eléctrico con la pasión acústica sin contemplaciones. Y no hay que olvidar los ejercicios orquestales que se han hecho con la música de los Beatles, los Rolling Stones, Jethro Tull, Led Zeppelin y hasta Pink Floyd que en partitura y batuta los vuelven clásicos de la música del Siglo XX.
Metallica de igual forma logró un magnífico álbum (S & M) en el 99 experimentando texturas. Y el cuarteto finlandés Apocalyptica sobrepasó cualquier intento al llevar de gira un show con cuatro ejecutantes que en cuerdas manipulan la música de las bandas duras (como Metallica) con excelentes resultados masivos. En la senda latina cabe mencionar el impecable esfuerzo de Alejandro Lora y el TRI de México en dos discos Rocanrolero-Sinfónicos, donde se han aventado al ruedo de los nuevos retos haciendos arreglos potentes y sorprendentes de las rolas más populares de una banda que le llega al pueblo ya sea a grito pelado, con guitarra acústica, ensamble eléctrico o a toda sinfónica con grupo de rock incluido.
Pero en el caso de Cerati su dinámica no se cuece en la ruta de la imitación si no más bien en el lenguaje de la propuesta innovadora que en cada vuelta de la esquina huele, sabe y suena a otra cosa. Ya en Sueño Stereo (1995) se asomaba el portento sinfónico en Ella Usó Mi Cabeza Como Un Revólver, dónde las reminiscencias "beatlemaniacas" asoman con el conjuro de aquella inolvidable composición de Lennon y McCartney I Am The Walrus ("Magical Mistery Tour" / 1967), que influye en el corazón del sonido del clan Stereo con la venia de Alejandro Terán cuyo cuarteto de cuerdas ya acompañaba al trío en sus giras en aquel entonces.
En 11 Episodios Sinfónicos el Soda Master se hace acompañar por más de 40 músicos bajo la responsabilidad del maestro Terán que le dan alma sonora a un proyecto luminoso en el que el cantante vestido a la usanza del ¿Principito" de Antoine de Saint Exupery hace de las suyas con algunos de sus temas más sagrados: Canción Animal, Bocanada, Corazón Delator.
El Rito, A Merced, Raíz, Sweet Sahumerio. La impecable Persiana Americana, Verbo Carne y las infinitamente seductoras Un Millón de Años Luz y Signos.
Y en directo añade tres más que no están en el disco: Hombre Al Agua, Lisa y Fue para copetear una noche gloriosa. El CD fue grabado el 6 de agosto del 2001 en el Teatro Avenida en Buenos Aires, Argentina.
Y es sin duda un infaltable en la colección de la tribu seguidora de Soda Stereo y de todo aquel que se precie de escuchar música fina y bien tocada.
El rock latino una vez más se cuelga de los cuernos de la Luna.
Terra/Octavio Hernández