Una pared de guitarras roqueras carcomen los temas, al medio habitan teclados que pintan de luces y colores los números creando atmósferas cantables y danzantes, y arriba copando el asunto una andanada de voces inoculan mensajes varios a la usanza de Cerati pero en la línea "santa" de Santos Inocentes, un quinteto argento que mata con sus canciones una y otra vez sin cansarse de asesinar con su estilo aniquilador, y que entre más se escuchan más adicción causan.
Alguna vez Tweety González (ex-tecladista de Fito Páez y Soda Stereo, y actual miembro del dueto tecno Acida junto a Alina Gandini), dijo que desde muy chico Andrés Alberti (hermano de Charly Alberti baterista de Soda Stereo), ya traía caña suficiente para cosas grandes.
Que era un tipo muy despierto con muchas cualidades y enormes ganas de lograr algo. Y que nunca se cobijó tras la sombra de Soda aunque podía haberlo hecho, porque él sabía que el "derecho de piso" lo paga una banda sin ayuda de nadie, porque si no es así a larga nada pasa y todo se queda en intento y nunca hay puntos a favor.
Santos Inocentes arranca en 1992 con la idea de hacer música y gozarla con un perfeccionismo tal que les lleva seis años grabar su disco debut: Emporio Bizarro, el que salpican con demos y temas del 93, del 94, 95 y hasta del mismo 1998 cuando el disco vio la luz.
A diferencia del primero, Megatón, su segunda propuesta apenas y llevó medio año de trabajo ya que la banda llevaba engranada girando y trabajando el tiempo necesario para parirla como Dios manda. En Argentina salió bajo el sello Warner Music, pero en los USA fue Maverick la disquera de Madonna la más interesada en multiplicar sus intenciones musicales.
El sonido de SI es más europeo que americano, porque Argentina está más acostumbrada a lo que pasa en el Viejo Continente, que a lo que acontece en el hemisferio norte. Sus influjos van desde la furia Beatle pasando por mucho rock inglés y tecno industrial como Sisters of Mercy, Front 242, New Order, Depeche Mode, etc, y manchas atractivas de la escena gabacha como Nine Inch Nails del malévolo Trent Reznor.
Sus flamazos tecno industriales se remontan a la jauría salida a fines de los ochentas y principios de los noventas, y el rock que se cargan no tiene edad, pero si una potencia de noqueador welter con campeonato a la cintura. Aunque se les encierra simplemente en la sección del "tecno", lo suyo alberga muchas más emociones besuqueándose con un rock mandón y contagioso que supera la "maquinidad" existente en la escena, dándole sangre, electricidad y garganta suficientes como para además de vomitar loops, saber cuando la cuerda, el golpe y la voz calibran la pasión rítmica humana.
Santos Inocentes además de haber sido uno de los invitados al adiós de Soda Stereo en el Monumental de River Plate en Buenos Aires, junto a Tumbas y Avant Press (la ex-banda de Leo García), que fue uno de los clásicos de la historia del rock argentino, han sido teloneros al sur de gente como Green Day, Sonic Youth, Love & Rockets, Sean Lennon y otros. No se cuecen al primer hervor.
Sus temas manejan letras inteligentes que van desde el encendido de una estrella en Rockstar, que habla de David Bowie y su magia glitter hasta dardos envenenados como Deja Vu, Arco, Santos Inocentes, Megatón o Pornostar, que con textos variados encajan su luz justo ahí donde calcina su santidad.
Su alineación oficial fue desde el despegue: Mr. Pop (voces), Andrés Alberti (guitarra y teclados), Osko (guitarras y coros), Andy Dussel (bajo y violín) y Ezequiel Dasso (batería y percusión).
Pero en los recovecos del camino y las crisis de la vida, han habido cambios recientes que según la célula oficial de la banda fueron mudanzas necesarias ante la complicación del esquema y la imposibilidad de seguir adelante con la dinámica de la agrupación por diferencias irreconciliables, así es que Mr. Pop y Osko se borraron y en su lugar fueron adoptados por Santos Inocentes bajo la bendición del Señor: Maxi Castro en la guitarra y coros, y Axel Báes en la voz principal. Benditos sean los Santos, Dios les guarde sus milagros para que su inocencia siga electrificando las esquinas del tecno.
Terra/Octavio Hernández