Cual hada melancólica de feroces hechizos vocales, Julieta Venegas cantó y encantó el jueves pasado a un grupo de fanáticos que aplaudieron sus contoneos y corearon los distintivos ah, ah, ah, ah, ah, ah de la "alternadiva" mexicana.
Fue un buen concierto, pero no uno de los mejores de la rockera Venegas. Tal vez le faltó público, aunque el club Galaxy estuvo medio lleno, o medio vacío, como se prefiera.
De todos modos, las cerca de dos horas que duró el concierto fue "tiempo suficiente" para que la cantante de Sería feliz interpretara 16 canciones, incluyendo casi todos sus éxitos.
La iluminación fue básica, lo suficiente como para hacer notar la esbelta silueta de esta tijuanense de discretos encantos, quien vistió "jeans" y una blusa blanca que delineaba su fina figura.
El sonido pudo estar mejor, pero Venegas contrarrestó esto con un show seductor que sus fanáticos recompensaron con besos volados e inclusive algunos abrazos en vivo y en directo.
Acordeón al hombro, la mexicana se echó el público al bolsillo a partir de la segunda canción, Como sé, de su primera grabación Aquí.
Esta fue la intervención más intima que hizo la cantante con su característico instrumento de viento.
La única intervención en la que Venegas hizo sonar su acordeón como Ramón Ayala fue cuando interpretó Jaula de oro, tema original de Los Tigres del Norte que grabó el año pasado para un álbum en homenaje este grupo norteño mexicano.
En los demás temas en los que usó el acordeón, Venegas sonó más nostálgica.
Mano en la cintura, suelta como su lacia larga cabellera negra, la cantante de 31 años de edad prosiguió con Siempre en mi mente, que grabó en homenaje al autor de este tema, su compatriota Juan Gabriel.
Aparte de los dos "homenajes" ya mencionados, Venegas cantó El triste, de José José.
De estos tres "homenajes", la mejor interpretación fue Jaula de Oro. La interpretación de la canción de "Juanga" intenta forzar una mezcla de lo sensual con lo "heavy", mientras que El triste tiene el mismo efecto devastador del original, aunque interpretado con menos convicción.
Con La jaula de oro, Venegas dejó bailar sus dedos en un acordeón que se nutría de aires fronterizos, sonando a lo que podría llamarse rock norteño.
Venegas puso en claro su admiración por estos tres íconos latinos. Antes de tocar Amores perros, tema que grabó para la película del mismo nombre, la cantante se preocupó al no encontrar un lapicero que llevaba consigo.
"Me lo dieron "Los Tigres". No lo encontraba y me puse nerviosa", dijo Venegas.
El concierto prosiguió con Casa Abandonada, de su segundo álbum Bueninvento. De esta misma grabación cantó Fe, una de las mejores interpretaciones de la noche.
La cantante de mirada melancólica también tocó la guitarra en canciones como Hoy no quiero, bastante celebrada por sus fans. Pero quizás la canción más coreada fue Ser feliz, de su primera grabación.
"Hay que apreciar lo bueno que tenemos adentro...lo bonito que te da la vida y ser feliz", dijo la cantante antes de iniciar la interpretación de este tema.
No contentos con sólo enviarle besos volados, algunos de sus fanáticos le tomaron la palabra y se subieron al escenario y la besaron y abrazaron.
Casi al final, un fan se subió al escenario, pero lo detuvo uno de los agentes de seguridad. Venegas no se inmutó y el incidente pasó desapercibido por el público, que siguió disfrutando del concierto.
"El indio me cuida, pero sabe que estamos en confianza", dijo la cantante refiriéndose al guardia de seguridad.
Terra/Efe