Todo el mundo sabe que las percusiones ocupan un lugar central en la salsa.
Tito Puente las había colocado en la parte delantera de la escena, antes que la musica latina existiera, o cuando todavía se hablaba vagamente de ella.

Tito Puente, de origen portorriqueño, estudió el piano, el órgano, el vibráfono, la batería, los timbales, la conga... y desde los trece años trabajó como un profesional en diversos grupos locales.
Después de haber pasado por la orquesta de Noro Morales, y por la de Machito, la Segunda Guerra Mundial, lo llevó a la marina. Allí conoció a Charles Spivak, jefe de orquesta y ex-trompetista de Glen Miller, y aprovechó para familiarizarse con la técnica de los arreglos y la composición.
Los tres años de estudios en la Julliar School de Nueva York, de 1945 a 1948, constituyeron el remate de todo lo anterior; y he aquí nuestro Tito Puente, quien formó su propia orquesta en 1948, con la cual se impuso como el rey del mambo que estaba apenas naciendo.
Desde entonces, aliando modernidad y tradición, este músico excepcional, compositor talentoso de Ran Kan Kan, y Oye como va... ; amenizador y figura imponente en el escenario, frecuentó con éxito la mayor parte de los estilos latinos, marcándolos con su impronta personal.
Tito Puente dejó como legado su música, una buena centena de discos, de los cuales un gran número ha sido hecho con los más grandes músicos.
Tito Puente fue y sigue siendo alguien respetado por todos, como lo exige su talento.
Terra / Agencias