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Mitos femeninos de Hollywood

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A caballo entre los años 30 y 40 se convierte en icono sexual Katherine Hepburn. La actriz más grande que jamás haya existido era una persona refinada y de una belleza deslumbrante, a la que unió gracia y una elegancia innata. De familia adinerada, no tuvo una adolescencia fácil. Decidió dedicarse al cine, y tras unos inicios decepcionantes, encuentra el éxito con “Fiebre para vivir” (1932). Desde entonces, su carrera estuvo siempre en alza.

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La bomba pelirroja vendría más tarde. Muchos hombres alcanzaron su perdición a causa de Gilda, en los años 40. Rita Hayworth fue la perfección en movimiento, y más tarde en color. Su fotografía acompañó a los soldados de la Segunda Guerra Mundial en sus noches húmedas. Gilda se convierte en la mujer fatal por antonomasia de estos años.

La rubia explosiva hace furor en la década de los 50. Aunque sólo hizo propiamente de mala en “Niágara”, Marilyn Monroe marcó un hito en el canon de la belleza: rubia voluptuosa pero también ingenua de escote pronunciado y diálogo chispeante. Y en lucha perpetua con el aire que salía de las rejillas del metro neoyorquino, una imagen que ha quedado para la posteridad.

Vivien Leight era ya por esos años una mujer totalmente idolatrada, no en vano había conseguido un Oscar como mejor actriz del filme norteamericano más famoso de todos los tiempos, “Lo que el viento se llevó”, basada en la célebre novela de Margaret Mitchell (premio Pulitzer). Pero es ahora cuando no sólo se convierte en una adoración para los hombres sino también en envidia para las mujeres, al trabajar junto a Marlon Brando en el largometraje “Un tranvía llamado deseo” (1951), con el que consigue otra estatuilla de la Academia.

Actriz, mito femenino, aristócrata y princesa. Todo eso y mucho más era Grace Kelly. Interpretó con éxito filmes como “Mogambo” (1953) y el musical “Alta sociedad” (1956). Con ellos se hizo un hueco en el corazón de todo hombre. Pero el suyo sólo sería para Raniero II , el heredero del Principado de Mónaco, con el que se casó en 1956. Con este enlace, Rainiero no sólo se llevaba a su diminuto estado a una de las mujeres más codiciadas del mundo, sino que situaba a Mónaco en el mapa.

Una vida y carrera más larga tendría Ava Gardner, otra de las grandes actrices y mitos de la seducción de la historia de Hollywood. Su vida sentimental fue tormentosa (se casó y divorció en tres ocasiones), y esa sensibilidad la trasladará al cine en trabajos como “Mogambo” (1953) y “La noche de la iguana” (1964), entre otros trabajos. Su mirada y sensualidad volvían locos a los hombres.

EFE

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