
Cuenta que estaba en la cama y aparecía una melodía o una letra, escribía un párrafo, no sabía cómo seguir, lo dejaba a medias, continuaba días o semanas después.
Un día llamó a su primo David. Es músico y tiene un estudio de grabación casero. Se animó, durante dos o tres semanas, pasaba en la noche por su estudio y tranquilamente fueron grabando. Su primera maqueta tenía cinco canciones.
Terminó de grabar las cinco canciones y dos o tres las había escrito para su novia de entonces. Se acercaba su cumpleaños y le regaló la maqueta. Fueron las primeras canciones que escuchó su mánager, Íñigo Argomániz. Le pasó la maqueta su primo Ramón. Regenta el Antonio Bar, al que Iñigo iba de vez en cuando. Después, claro, llegaron más canciones y más maquetas.