Amores de Verano
Son los más recordados. Tan cortos como intensos, los amores veraniegos son parte tan importante de las vacaciones que sin ellos no es lo mismo
Son amores inolvidables, y quizá, porque duran tan poco, siempre nos dejan un buen recuerdo. Saben a aventura, a playa, a vida al aire libre. Se sienten tan rico como la brisa del mar y son comentario obligado al regreso de las vacaciones.
Lo que pasa es que en vacaciones finalmente nos relajamos y nos predisponemos a pasarla bien. Al cambiar de escenario y dejar la rutina, decimos sí a nuevas posibilidades y nos animamos a la pasión, aún sabiendo que la magia de un romance se puede terminar el mismo día en que se vence nuestro boleto de avión.
Porque en verano, en vacaciones, y con todo el tiempo para divertirse ¿quién quiere estar pensando en el futuro de una relación que acaba de empezar?. En eso, en esa sensación de libertad extrema radica el éxito de los amores de verano. Vienen sin reglas ni títulos. Son para disfrutar sin culpa y para recordar todo el año.
Son como un helado de chocolate, como una montaña rusa, como una tarde de buceo. Sabes que no se pueden repetir todos los días, pero el rato que duran son casi perfectos.
Los psicólogos explican el fenómeno de los amores estivales de una forma bien sencilla: se trata de un tiempo y espacio en donde cada uno se “permite” ser diferente. Acepta otras reglas de juego y hace cosas que el resto del año no estaría dispuesto a hacer. Es como darle vacaciones a nuestros preconceptos amorosos, es aceptar que una promesa de amor eterno hecha a orillas del mar no durará más de quince días y así, igual, querer escucharla en tu oído.
Luciana Lamberto

(Agencias)




