La depresión posparto también es un riesgo para los papás recientes
La depresión posparto se ha dado a conocer mejor en años recientes porque madres famosas, como Brooke Shields, que han experimentado sus síntomas devastadores, han comenzado a compartir sus historias personales. Sin embargo, las identidades de los nuevos papás que han sufrido en silencio todos estos años siguen ocultas.
11/06/2007 -- Casi tantos hombres como mujeres sufren de este tipo de depresión, según investigadores que examinaron los datos de más de 5,000 familias que tenían ambos padres. En total, alrededor del 14 por ciento de las mamás y el 10 por ciento de los papás mostraron señales de depresión posparto moderada o grave, según el estudio que se publicó por primera vez en la edición de agosto de 2006 de la revista Pediatrics.
"La creencia que se ha mantenido largo tiempo entre muchas personas, incluso médicos, es que la depresión posparto se debe a cambios hormonales en las mujeres que tienen lugar después del parto", afirmó el líder del estudio, James F. Paulson, profesor asistente de pediatría, investigación conductual y salud comunitaria del Centro de investigación pediátrica de la Escuela de medicina de Virginia Oriental en Norfolk. "Obviamente, los papás no serían susceptibles a los cambios de esta naturaleza y, probablemente debido a ello, no han sido objeto de estudio".
Janice Goodman, especialista en enfermería psiquiátrica clínica y profesora asistente del Instituto de profesiones de la salud MGH, afiliado del Hospital General de Massachusetts de Boston, concuerda en que los cambios hormonales no son la única explicación posible.
"Tanto en hombres como en mujeres, los inmensos cambios de vida que conllevan tener un bebé pueden contribuir a la depresión", señaló.
La depresión posparto puede comenzar en cualquier momento después del nacimiento y puede durar hasta un año, según Mental Health America, anteriormente conocida como la National Mental Health Association. Con frecuencia, los síntomas se parecen a los de cualquier depresión clínica, tales como tristeza, fatiga y desesperanza. Quien la padece puede experimentar cambios drásticos en el estado de ánimo y el apetito, preocupación excesiva por la salud del niño o pensamientos alarmantes de hacerle daño al bebé.
DrTango

(Photos.com)
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