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Extranjeros vienen a EEUU en busca de tratamiento médico

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25/07/2007 - 15:41(GMT)

Matisse Reide, una niñita neocelandesa de rulitos, ha estado enferma durante toda su corta vida con un extraño trastorno que impide a su organismo absorber nutrientes.

Historia continua abajo

La pequeña almuerza ensaladas de remolacha, pero su verdadera alimentación _grasas, nutrientes y fluidos_ proviene de un tubo intravenoso que va desde una mochila en la espalda hasta una vena en el estómago. Después de seis años de alimentación intravenosa, la presión sobre su hígado empieza a constituir un riesgo mortal y ya no le quedan venas utilizables. A menudo se dobla presa de dolor y vómitos.

Después de meses de recaudar fondos en Nueva Zelanda, los padres de la niña, Wayne y Jodee Reid, recogieron a los miembros de su familia y viajaron 13.860 kilómetros (8.500 millas) hasta Pittsburgh para que la pequeña paciente recibiera un trasplante múltiple de órganos a fin de salvarle la vida.

A medida que aguardan por un estómago, intestino grueso y páncreas, los Reid deben mantenerse con los 260.000 dólares que recaudaron, y que esperan les permita vivir durante los años que tomará a Matisse recuperarse de la operación.

Al igual que otras familias extranjeras que vienen a Estados Unidos para recibir tratamiento médico de vida o muerte, los Reid están aquí con visas de turistas, lo que les impide buscar trabajo. Las familias dicen que eso les dificulta más mantenerse durante el tiempo que toma la recuperación de sus hijos y que por consiguiente agrava su ansiedad.

"Al final de cuentas, sólo somos padres que tratan de hacer lo mejor para sus hijos", dijo Jodee mientras Matisse, que suele tener ataques de dolor, jugaba en el piso superior de la casa que alquilan en un suburbio de Pittsburgh.

Los Reid llegaron a Pittsburgh en enero y esperaban pasar aquí unos tres años para la operación de la niña y su larga convalecencia.

Pero como la espera para el trasplante puede tomar de ocho meses a un año, ahora se dan cuenta que tendrán que permanecer cerca de cinco años, y no está claro si el dinero que recaudaron les alcanzará. Si gastan solamente 60.000 dólares anuales _no demasiado para una familia de seis miembros_ el dinero se les acabará en poco más de cuatro años.

A menudo, venir a Estados Unidos es la única salida que tienen las familias de pacientes que necesitan trasplantes complicados, lo que deja a gente que siempre trabajó dependiente de la caridad ajena, tanto de individuos como de organizaciones. Alguna que otra vez se ven obligados a volverse a sus países.

"No hay ninguna disposición, ni siquiera por motivos humanitarios, que les permita trabajar", observó Bruce Larson, director de la oficina de personal internacional en la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota, que trató a unos 8.000 extranjeros el año pasado en sus hospitales, incluyendo varios centenares de niños.

El gobierno federal no rastrea cuántos de los millones de personas que vienen a Estados Unidos con visa de turista buscan atención médica.

En colaboración con la Clínica Mayo y el Hospital St. Jude en Memphis, Tenesí, el representante demócrata Steve Cohen dijo que planea patrocinar un proyecto de ley que otorgue permisos de trabajo a los padres de niños que necesiten más de seis meses de atención médica.

Pero podría quedar atascado en medio del divisivo debate sobre reforma inmigratoria. Cohen quiere adosar su proyecto al más amplio de reforma, que fracasó en el Senado en junio.

"Espero que reciba apoyo. Es lógico, es humano", dijo Cohen. "No puedo imaginarme a nadie pensar que sea un riesgo a la seguridad. Es sólo una cuestión humanitaria".

Matisse nació el día de Navidad del 2000 con una seudoobstrucción intestinal idiopática crónica, un trastorno en el que el intestino grueso o delgado pierde su habilidad de contraerse y movilizar alimentos, excrementos y aire por el aparato gastrointestinal. Afecta a menos de 200.000 personas en Estados Unidos y es más frecuente en niños y ancianos. Se desconoce su causa pero los síntomas incluyen severos problemas intestinales, desde vómitos y diarrea hasta dolor crónico.

El Hospital de Niños de Pittsburgh, donde Matisse aguarda el triple trasplante, trata a menos de 30 pacientes internacionales por año.

Años de gestiones convencieron al gobierno de Nueva Zelanda a cubrir el costo de 1.400.000 dólares que costarán los trasplantes previstos para la niña. Independientemente, la familia también recaudó los 260.000 dólares en donaciones para mantener a Matisse y sus tres hermanos _Rachel de 15 años, Kalani de 9 y Fraanz de 2_ durante los años que demandará la recuperación de la pequeña paciente.

"Solamente quienes tienen mucha motivación o recursos para recaudar dinero para venir a otro país _sea Inglaterra, Francia o Estados Unidos_ pueden hacerlo", dijo el Dr. George Mazariegos, director de trasplantes pediátricos en el Hospital de Niños. "Actualmente, la atención médica es muy desproporcionada a las necesidades".

Los trasplantes intestinales sólo se han hecho unas 1.300 veces desde 1989, casi todos en Estados Unidos, dijo Mazariegos.

Un estudio de un grupo de médicos en Columbus, Ohio, halló que de ocho niños que se sometieron a dichos trasplantes, dos murieron poco después. Pero los sobrevivientes mejoraron mucho su estilo de vida y por lo menos tres podían mover el vientre normalmente 18 meses después.

Para los cientos de extranjeros que vienen a Estados Unidos todos los años en busca de atención médica, la cuestión financiera es omnipresente. A veces el tratamiento puede demorar años, lo que pone a la familia en aprietos financieros.

Según los abogados de inmigración, los extranjeros tienen dos opciones para recibir permiso de trabajo.

La familia puede abrir un pequeño negocio, pero para garantizar su factibilidad debe invertir al menos 100.000 dólares. En este caso, los propietarios del negocio podrían cambiar su visa y recibir permiso de trabajo.

Ser empleados por un instituto de investigación, como una universidad, también puede facilitar una visa de trabajo. Pero se expiden unos pocos miles de visas de ese tipo por año y normalmente expiran días después de la lotería de visas. Los institutos de investigación sin fines de lucro, como los hospitales, tienen un número ilimitado de visas de trabajo que pueden emitir anualmente y un extranjero contratado por ellos puede recibir permiso de trabajo.

Wayne Reid es carpintero y necesita trabajar desesperadamente, tanto para ganar dinero como para mantenerse ocupado. Dijo que le han ofrecido algún trabajo clandestinamente pero se niega a hacer cualquier cosa que pueda poner en peligro el tratamiento de su hijita.

Terra/AP

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