El temor a los alimentos nuevos parece característica hereditaria
El temor a los alimentos nuevos, la neofobia, es atribuible mayormente a los genes, según un artículo publicado este mes en la American Journal of Clinical Nutrition.
31/08/2007 -- "Los niños podrían echarles literalmente la culpa a sus madres", comentó la Dra. Jane Wardle, directora de la Unidad de Comportamiento Saludable en la Universidad de Londres, una de los autores del estudio.
Wardle y sus colaboradores pidieron a los padres de 5.390 pares de mellizos idénticos y no idénticos completar un cuestionario sobre la disposición de sus hijos a probar alimentos nuevos.
Los mellizos idénticos, que comparten todos los genes, tenían mucho mayor probabilidad de responder de igual modo a los alimentos nuevos que los mellizos no idénticos, que al igual que los demás hermanos solamente comparten aproximadamente la mitad de sus genes.
Los investigadores concluyeron que la genética desempeña un papel más importante para determinar las preferencias alimentarias que el ambiente, puesto que cada par de mellizos vivía en el mismo hogar.
Wardle dijo que las preferencias alimenticias parecen ser "una característica física tan hereditaria como la altura".
Al contrario que casi todas las demás fobias, la neofobia es una etapa normal del desarrollo humano.
Los científicos conjeturan que fue originalmente un mecanismo evolutivo diseñado para proteger a los niños de comer accidentalmente alimentos peligrosos, como fresas u hongos venenosos.
La neofobia aparece típicamente a los 2 ó 3 años, cuando los niños son capaces de movilizarse rápidamente y desaparecer de la vista de sus mayores en segundos. Resistirse a comer alimentos nuevos podría ser un mecanismo defensivo.
Aunque la mayoría de los niños supera la etapa del capricho por los alimentos hacia los 5 años, no ocurre con todos. Para los padres de los niños particularmente caprichosos, los expertos les aconsejan no ceder cuando sus hijos arrojan los alimentos en medio de rabietas.
"El mapa genético de su hijo va a influir en gran medida en su disposición a comer alimentos nuevos", dijo la Dra. Marlene Schwartz, subdirectora del Centro Rood para Política Alimentaria y Obesidad, en la Universidad de Yale.
Aunque a la mayoría de la gente a la larga le gustará prácticamente todo alimento -aun los que les disgustaba inicialmente- después de probarlo unas diez veces, podría necesitarse más persistencia al tratar de convertir a un niño neofóbico.
"Es como aprender a manejar la bicicleta", dijo Schwartz. "A algunos les costará más, pero vale la pena enseñarles".
Otras características gustativas -como la habilidad para probar el amargor- también son heredadas. Los científicos ya han identificado el gen responsable.
Terra/AP

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