Psicología: En la mente de un secuestrado
Al secuestrado lo sacan por la fuerza de su casa, lo maltratan, lo encadenan, lo encierran, le arrancan sus raíces y lo llevan contra su voluntad a vivir en la jungla, lo obligan a comer solo pasta con arroz y le hacen saber que su vida pende de un hilo.
Enfermedades aquejan a los cautivos
Problemas psicológicos de los estadounidenses
Ingrid Betancourt es, a fuerza de dolor, uno de los símbolos del secuestro en el mundo. Al momento de su plagio, la excandidata presidencial sabía de los peligros que representaba desplazarse hasta San Vicente del Caguán -una antigua zona otorgada a la guerrilla de las Farc, con el objeto de adelantar conversaciones de paz- ubicada en el departamento de Caquetá. Sin embargo lo que empezó como un recorrido habitual de campaña, la llevó al que sería su último destino en libertad.
Su caso, se suma al de cientos de personas que aún permanecen privadas de la libertad en las selvas de Colombia, como lo vivieron tres ciudadanos estadounidenses (Thomas Howes, Marc Gonsalves, Keith Stansell) en condiciones inhóspitas y lamentables, perdiendo la esperanza o simplemente esperando la muerte.
El secuestro es quizás uno de los flagelos más terribles y desgarradores que pueda soportar un ser humano, el psiquiatra Rodrigo Córdoba, director del posgrado de psiquiatría y salud mental de la Universidad del Rosario asegura que perder la sensación de autonomía puede acabar con la salud mental de una persona.
En el cautiverio no se tiene poder de decisión ni de actuación, se está inerte a la espera de que el guerrillero al mando de las instrucciones.
El ser humano se somete no sólo a estar privado de su libertad sin ninguna explicación sino a maltratos, vejámenes, humillaciones y al temor constante de ser sentenciado a morir.
"El secuestro es una enfermedad mental inducida", así lo define el doctor Rodrigo Córdoba, quien además asegura que la mayoría de los secuestrados si no todos, presentan síntomas de ansiedad, depresión y ataques de pánico fruto de la imposibilidad de vincularse con su entorno y de tomar sus propias decisiones.
Aún la mente más fuerte frente a una situación como el secuestro, se debilita y presenta síntomas de depresión, falta de sueño, pérdida del apetito e incluso puede llegar a tener ideas suicidas y desarrollar un cuadro sicótico, lo que comúnmente llamamos locura.
La depresión mayor, alimentada por sentimientos de desesperanza y rabia llenan de tristeza a los cautivos quienes pierden la sensación de tiempo y espacio y pueden confundir lo que pasa con lo que dicen.
Algunos de ellos en un arranque de valor se lanzan a la idea de escapar en busca de la libertad a sabiendas de que esto les puede ocasionar la muerte, pero para ellos la muerte es una opción que contemplan a diario, minuto a minuto mientras ven como el paso de los días y el flagelo des secuestro les está arrancando la vida a pedazos.
Terra USA / Luisa Lozano

(AP)











