¿Workaholic? Sí, hay adictos al trabajo
16/7/2008 - 14:15(EST)
A la mayoría de las personas no les gusta trabajar, pero algunos individuos dedican a sus empleos muchas más horas de las que le corresponde. Son los adictos al trabajo o “workaholics”, quienes relegan a un segundo lugar el ocio, los amigos e, incluso, la familia.
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La adicción al trabajo o laborodependencia, como así prefieren denominarla algunos expertos, es mucho más habitual de lo que se cree. La excesiva competitividad laboral hace que muchas personas intenten sobresalir en su trabajo para obtener la aprobación de sus superiores y compañeros, dinero o poder.
En otros casos se trata de personas con baja autoestima, insatisfechas con áreas importantes de la vida, para las que el trabajo se ha convertido en una forma de evadirse de sus problemas.
El término laborodependencia o “workaholism”, como así se denomina en inglés, fue acuñado por primera vez a finales de los años 60 en Estados Unidos y ha sido generalmente vinculado a empresarios, especialmente de sexo masculino. Sin embargo, según el Doctor en Psicología y profesor de la Universidad Complutense de Madrid Valentín Martínez-Otero, “no existe un perfil único. Aunque es habitual que se de en personas muy competitivas, que necesitan destacar, extremadamente ambiciosas, inseguras, solitarias o aisladas en su ámbito familiar o social”.
Los ambiciosas al trabajo o “workaholics” suelen ser personas que buscan autoafirmación, éxito y reconocimiento social, o que tratan de compensar sus carencias con la sobrecarga horaria y laboral.
Pero el problema no está, según los expertos, en la cantidad de horas trabajadas o en llevarse parte del trabajo a casa. Se produce cuando la persona relega a su familia y amistades a un segundo plano, es incapaz de disfrutar de su tiempo de ocio y ha convertido su trabajo en una válvula de escape.
- Una virtud socialmente aceptada
La laborodependencia es una adicción como cualquier otra, pues no puede ser controlada voluntariamente por quienes la padecen. Sin embargo, lejos de causar rechazo, está más bien considerada como una virtud socialmente aceptada.
En la mayoría de los casos el entorno no ve mal el comportamiento de estas personas y aplaude su conducta hasta convertirla en ejemplar, en un modelo a seguir por el resto de personas y compañeros.
A veces los propios “workaholics” son conscientes de que algo no marcha bien dentro de ellos, pero les confunde el observar cómo la sociedad premia su esfuerzo con éxito y reconocimiento profesional.
En otros casos no sucede lo mismo. “En muchas ocasiones no se tiene conciencia de que se trata de una verdadera adicción”, afirma Valentín Martínez-Otero.
EFE

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