Nuevo descubrimiento podría disminuir su apetito
Una hormona natural que disminuye el apetito y limita la cantidad de alimento que una persona ingiere podría ayudar a evitar una epidemia de obesidad a nivel mundial, dijeron el miércoles científicos.
Más de 1,000 millones de personas tienen sobrepeso o son francamente obesas, lo que crea un problema de salud pública, ya que el peso excesivo está vinculado a un mayor riesgo de diabetes, cardiopatía, accidentes cerebrovasculares y ciertos tipos de cáncer.
Sin embargo, científicos de Gran Bretaña, Estados Unidos y Canadá descubrieron que una hormona, llamada PYY3-36, que le indica al cerebro cuando el cuerpo está satisfecho podría constituir la base de nuevos tratamientos para adelgazar.
"El descubrimiento de que la PYY3-36 suprime el apetito podría ser un enorme beneficio para los que padecen problemas de peso", dijo Stephen Bloom, del Colegio Imperial de Londres.
"Provoca una inhibición del apetito y de (consumo de) alimentos de manera significativa", agregó en una entrevista.
Bloom cree que sería posible identificar los alimentos que causan la liberación de más PYY3-36 para que el apetito se pueda limitar de manera natural.
Otra opción serían las inyecciones de la hormona, similar a la manera en que los diabéticos reciben insulina, que podría ofrecer un tratamiento seguro a largo plazo para la obesidad.
COMER SIN HAMBRE
El intestino libera la hormona PYY3-36 después de cada comida. Esta hormona envía señales a los circuitos de alimentación en el cerebro que despiertan una sensación de saciedad que disminuye la urgencia de comer.
Cuando los científicos compararon los efectos de la PYY3-36 con los de un placebo en 12 voluntarios de peso normal, las personas que recibieron una infusión de la hormona comieron un 33 por ciento menos en las siguientes 24 horas que el grupo placebo.
"Esta hormona se presenta naturalmente en el cuerpo y afecta a centros en el cerebro. Evita que la persona coma porque reduce el apetito. Es parte de la fisiología natural", dijo Caroline Small, miembro del equipo de investigación que publicó sus hallazgos en la revista científica Nature.
Las dosis que se dieron a los voluntarios imitaban a las concentraciones que ocurren naturalmente en el cuerpo después de una comida y no producen efectos colaterales. La gente se siente menos hambrienta.
Roger Cone, de la Universidad de Ciencia y Salud de Oregón, en Portland, contribuyó a la investigación y la describió como otra pieza en el rompecabezas del conocimiento sobre el control del hambre y la saciedad.
Sin embargo, agregó que todavía hay mucho que hacer antes de que se pueda usar la PYY3-36 para combatir los problemas de obesidad a nivel mundial.
La obesidad se basa en el índice de masa corporal (IMC), que se calcula dividiendo el peso en kilogramos por la estatura en metros al cuadrado. Una persona con un IMC de más de 30 se considera obesa.
Antes de que la hormona se pueda convertir en un tratamiento contra la obesidad, los científicos tendrán que demostrar que produce la misma sensación de saciedad y reduce el apetito en las personas obesas.
Los investigadores también deben buscar mejores maneras para su liberación dentro del cuerpo y determinar cómo se degrada.
Los voluntarios en el estudio recibieron infusiones intravenosas de la hormona PYY3-36 pero los investigadores piensan que podría producirse una inyección.
Small dijo que los científicos están conduciendo más estudios y comparando los efectos de infusiones hormonales en personas obesas y de peso normal.
"Hay una enorme epidemia de obesidad y los tratamientos son muy necesarios", dijo la investigadora.
"Se necesita reducir la cantidad de alimento que las personas consumen o aumentar las energías que gastan. Esto reduciría la cantidad de alimento que come una persona al hacer que se sienta satisfecha. Favorece las señales naturales en el cerebro", agregó.
Terra/Reuters



