Empresas y consumidores en plena campaña contra la obesidad en EE.UU.
La luz de alarma contra la obesidad volvió a prenderse en EEUU con un nuevo estudio que cuestionó del papel de la "comida basura" en la epidemia que padece el país, donde el 60 por ciento de la población tiene exceso de peso.
Al mismo tiempo, el Gobierno anunció que pedirá un mejor etiquetado de los alimentos con grasa parcialmente hidrogenada y la empresa Kraft informó de que reducirá la grasa de sus alimentos y recomendará tomar porciones más pequeñas.
Estos acontecimientos apuntan a que las autoridades y las empresas procesadoras de alimentos ricos en grasas han captado el mensaje de los consumidores y han puesto en marcha planes para minimizar el contenido de grasas parcialmente hidrogenadas ("trans fat") en sus productos.
En medio de este contencioso en el que todos los sectores dicen pretender una mejor dieta alimentaria, el Instituto para una Reforma Legal de la Cámara de Comercio de EEUU difundió hoy un estudio que sostiene que los restaurantes de "comida rápida" no contribuyen al aumento de la obesidad en este país.
La entidad afirmó que las demandas legales contra este tipo de negocios no harán que la gente pierda peso.
Lisa Rickard, presidenta del Instituto, dijo hoy, en una rueda de prensa, que "los abogados ansiosos de sacar más dinero de las demandas judiciales deberían resistir la tentación de aprovecharse de la industria de comida rápida".
Según el estudio, más de la mitad de los 288.4 millones de habitantes de Estados Unidos tienen exceso de peso y un cuarto ellos son obesos.
Además, en torno al 15 por ciento de niños y adolescentes tiene sobrepeso, una cifra que se ha triplicado en los últimos 20 años.
El fenómeno de la obesidad tiene en EEUU un coste de salud de 117,000 millones de dólares por año.
Rickard aseguró que los norteamericanos con sobrepeso no encontrarán la solución a su obesidad en los tribunales, "pero sí, tomando la sabia decisión de comer pequeñas porciones de alimentos saludables".
El estudio atribuye la epidemia de obesidad que sufre EEUU a que la mayoría de sus habitantes son ahora más sedentarios que antes, ingieren bocadillos con una frecuencia de al menos dos veces entre las comidas -mucho más que hace dos décadas-, y consumen alrededor de 200 calorías más por día que en la década de 1970.
Los autores del estudio llegaron a la conclusión de que la "comida rápida" no es químicamente adictiva y que "afortunada, o desafortunadamente, la libertad de selección de los estadounidenses incluye la libertad de comer demasiado".
Rickard informó de que su entidad dio hoy su respaldo al proyecto de ley presentado por el representante ante la Cámara Baja Ric Keller para restringir las demandas que puedan darse contra la industria alimenticia.
Por otro lado, la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA, por sus siglas en inglés) anunció hoy que muy pronto las compañías de alimentos tendrán la obligación de indicar los niveles de grasa hidrogenada en sus productos.
En la actualidad los consumidores estadounidenses no tienen forma de conocer el nivel de esas grasas, altamente perjudiciales para la salud, en sus alimentos.
Mientras tanto, Kraft, una de las principales empresas de alimentos procesados de todo el mundo, anunció este martes planes para reformar sus productos y hacerlos más saludables, y en algunos casos, reducir el tamaño de las porciones, particularmente entre los niños.
También dijo que reducirá la presencia de sus productos en las máquinas de venta automática de las escuelas.
Kraft afirmó que sus decisiones son la respuesta a los crecientes niveles de obesidad alrededor del mundo, aunque algunos analistas creen que así puede evitar demandas judiciales.
Terra/EFE

(Una mujer obesa recibe tratamiento)



