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Antigua danza brasileña se impone en los gimnasios de EEUU

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La capoeira, una danza brasileña que se remonta a varios siglos de antigüedad y que combina las artes marciales con el pulso y la energía del carnaval carioca, se ha puesto de moda en los centros de ejercicios físicos estadounidenses, en un hallazgo para los aficionados a la gimnasia ansiosos por experimentar algo nuevo.

La "capoeira" ha contribuido a que se triplique el número de miembros del club Research Triangle, de Carolina del Norte.
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Se ha impuesto en los gimnasios, desde los más modernos como el Crunch, de Nueva York, hasta los parques y recreos abiertos al público en Provo, en el estado de Utah. Y también en ciudades como Londres, Nashville, San Diego y Vancouver, con pujantes comunidades amantes de la capoeira.

Brian Donnelly, que practica la capoeira en Nueva York, dice que es imposible aburrirse en las clases.

"Se reduce la grasa. Se toca un instrumento agradable. Se aprende un nuevo idioma... y eso es sólo en los primeros 20 minutos", dijo Donnelly.

Esos primeros 20 minutos por lo general consisten en calistenia para acelerar el ritmo cardíaco. El entrenador, el "mestre", muestra a continuación una nueva técnica, como puntapiés en movimiento circular para luego agazaparse, o la "carretilla". Los movimientos tienen nombres extranjeros, pero la mayoría de los entrenadores conducen las clases en inglés.

Después de una media hora de práctica, el ritmo de los ejercicios se transmuta en una vibrante energía colectiva.

La clase forma una "roda" (ronda) y baila al son de los tambores brasileños. El entrenador toca un instrumento que se llama el berimbau y canta canciones en portugués cuya letra incluye refranes, fáciles de imitar. La letra da instrucciones, imparte elogios o reprimendas a dos personas que a continuación ingresan a danzar dentro de la ronda.

Durante una visita a un gimnasio, Beyond Fitness, de Durham, dos personas se miran intensamente y se agazapan al comenzar la ronda. Se toman de las manos y se menean al compás de la pegajosa música. A continuación desprenden los brazos y se precipitan hacia el centro del círculo.

Por unos minutos, se entrelazan las extremidades y se siguen de cerca. Ella arquea el cuerpo y él arremete, se inclina y le apunta con sus puños. Pero no se tocan ni dejan de transpirar.

"El motivo por el que no parece que tuviera 38 años se debe a la capoeira", comenta la instructora Lua Fabbri después de bailar en la roda. Natural de Italia, enseña en Brasil, Nueva York y Carolina del Norte. Uno de sus estudiantes, Scott Bailey, dijo que después de tres meses de capoeira ha formado músculos que desconocía.

"Incrementa la agilidad y la fuerza, y nos estamos divirtiendo mucho más que aquellos que corren en las cintas rodantes", comentó Bailey.

"En la capoeira no peleamos", aclara la entrenadora. "Los esclavos de Bahía (una región nororiental de Brasil) donde se inició la danza tenían prohibido pelear. Es un arte marcial que ha sido encubierto como danza, y por lo tanto si se pelea en la capoeira sería como robarle su esencia".

Mientras Bailey y Fabbri bailan en el centro de la ronda, una estudiante más avanzada, Amani Redd, sale al ruedo y Bailey se retrae a la ronda. La instructora acelera el ritmo y, Redd y Fabbri se trenzan en un contrapunto. Un tímido principiante toma el lugar de Fabbri. Redd disminuye su ritmo vertiginoso para acoplarse al más lento de su nuevo acompañante.

Fabbri enseña dos clases por semana, de hasta 30 personas. Dice que todos los grupos de diversas edades pueden hacerlo, y que las personas cuyos cuerpos no son tan resistentes pueden acomodar los movimientos para adaptarlos a su propia capacidad.

"Algunos de nuestros estudiantes neoyorquinos tienen más de 60 años y nunca habían hecho ejercicios antes", comentó.

Shelby Braxton-Brooks recuerda cómo sintió la atracción de la capoeira en la región de Bahía, en Brasil, bajo los atardeceres en la playa y junto a los cañaverales donde la crearon los esclavos del siglo XVII.

"El vigor es tan contagioso, la influencia africana tan viva", comentó la actriz neoyorquina. "Los movimientos son tan poéticos. Me gustó no poder definir si se trataba de una danza o de una clase de artes marciales. Sólo sé que me cautivó".

Terra/AP

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