Un exiguo 1-0 en la puntuación final le dio el triunfo en la gran
final a Gardner, que no daba crédito a sus ojos cuando el árbitro le
proclamó vencedor al final del combate y comenzó a dar saltos fuera
de si.
Quizás por el peso excesivo de su contrincante o por el
cansancio, Karelin, que acaba de cumplir 33 años, no pudo emplear en
la final la mortífera "llave de espaldas", que consiste en voltear
al adversario boca arriba y lanzarlo contra el suelo.
Gardner, un luchador de Nebraska de 29 años, hasta ahora sólo
poseía en su palmarés el título de campeón panamericano, aunque a
partir de hoy entra en la historia por ser el primer hombre que
venció en los Juegos Olímpicos al "oso de Siberia".
Steven Fraser, entrenador de Gardner, dijo tras el combate que su
pupilo había hecho "una pelea perfecta" y que se aprovechó "del
cansancio de Karelin para vencerle".
De aspecto temible, 1,90 metros de altura, 130 kilos de peso y la
cabeza totalmente rapada, Karelin únicamente había cedido hasta hoy
a sus rivales un punto en competiciones internacionales durante los
últimos diez años.
Su hoja de servicios era igualmente intachable. Desde que debutó
en el año 1985 en los campeonatos del mundo júnior siempre había
subido a lo más alto del podio (3 títulos olímpicos en Seúl,
Barcelona y Atlanta, 11 del mundo y 14 de Europa) y en el camino ha
dejado innumerables músculos retorcidos amén de incontables brazos,
piernas y costillas rotas.
Amigo personal de Vladimir Putin, cuando el presidente de Rusia
le pidió que se presentara a la elecciones a la Duma (Parlamento),
Karelin aceptó y es actualmente diputado por su Novosibirsk natal,
además de coronel de la policía aduanera rusa.
Casado y padre de tres hijos, la pequeña nacida este mismo año,
Karelin es en la intimidad un hombre tranquilo y bonachón que
escribe poesía y escucha a Bach. Incluso gusta de leer filosofía,
algo que quizás le ayude a encajar anímicamente su primera derrota y
a valorar un metal hasta ahora desconocido por él, la plata.