Venus, que ya había ganado el torneo individual, no quería que su
hermana Serena se fuera de Sydney sin experimentar la sensación de
tener una medalla de oro colgada del cuello.
Hoy, pese a que ella ya había conseguido el éxito la víspera, se
empleó a fondo sobre la pista principal del Centro de Tenis de Nueva
Gales del Sur. Serena, aún más si cabe. El resultado fue que las
estadounidenses arrollaron a las holandesas.
El marcador final del partido explica con absoluta claridad lo
que sucedió sobre la pista. Una vez más, el extraordinario poderío
físico de las hermanas Williams, unido a su innegable calidad,
resultó determinante.
Kristie Boogert, de 26 años, y Miriam Oremans, de 28, apenas
pudieron oponer resistencia al ímpetu y la ambición de las jóvenes
jugadoras estadounidenses, que se aseguraron la medalla de oro en
sólo 50 minutos de juego y con una superioridad aplastante.
Richard, padre y entrenador de Venus y Serena, ha visto cumplido
en Sydney uno de sus sueños. La familia Williams ya tiene tres
medallas de oro olímpicas.
Las hermanas Williams, además, han hecho posible que su país haya
dominado el medallero de la competición de tenis de los Juegos de
Sydney y han paliado el pobre resultado del equipo masculino
estadounidense.