Antes de la desintegración de la URSS el oro cayó de ese lado del
Este europeo en tres ocasiones (Montreal'76, Seúl'88 y
Barcelona'92). Por fin la República de Rusia puede contar como
propia su medalla de Sydney, aunque algunos de sus jugadores ya
disfrutaron de esa gloria olímpica (Kudinov, Tutchkin y Andrei
Lavrov).
Los rusos cimentaron su triunfo en una primorosa segunda parte,
en un partido en su conjunto lleno de dureza y emoción, como era de
esperar.
A veces puede entenderse que el deporte es injusto pues la
victoria debiera ser repartida, como en el caso de rusos y suecos en
balonmano. Ocurre que esto es evidentemente imposible. Han sido dos
generaciones de excelentes balonmanistas que desde luego se merecían
el mayor galardón olímpico después de ganárselo a pulso en la
competición.
Suecia ha sido otra vez apartada del oro, como en Barcelona y
Atlanta. Los veteranos maestros suecos no se verán en otra parecida.
Eso ocurrirá porque los rusos casi sentenciaron el encuentro a 5
minutos de la conclusión (27-23) y basados en la anulación del
lanzador Stefan Lovgren.
Salvar esa desventaja de cuatro goles todavía estaba al alcance
de los suecos. Lubomir Vranjes entregó las pocas esperanzas que le
quedaban a Suecia al fallar un lanzamiento de 7 metros a 1.30 del
final (27-24).