La generación de Arvidas Sabonis, Rimas Kurtinaitis y Sarunas
Marciulionis conquistaron los dos primeros en Barcelona y en
Atlanta. Ellos ya no están entre los internacionales bálticos, donde
sólo queda un integrante del equipo que ganó la medalla del 92
-Gintaras Einikis- y tres del que consiguió la del 96 -Einikis,
Stombergas y Eurlijus Zukauskas-, pero su jerarquía internacional
permanece intacta.
La nueva hornada de jóvenes talentos lituanos ha puesto el
baloncesto patas arriba en Sydney 2000. Los Jasikevicius -nuevo
jugador del Barcelona-, Songaila, Timinskas y compañía han tenido a
Estados Unidos a tiro de triple y sólo la fortuna les ha privado de
metas mayores.
En realidad, su partido de cuartos contra los estadounidenses ha
sido la verdadera final de los Juegos. Los caprichos de la
competición les han llevado al bronce, pero a Francia, la
sorprendente finalista de la cita australiana, la trituraron sin
despeinarse en la primera fase (81-63), y a los hombres de la NBA
todavía les dura el susto de la semifinal (85-83).
A Australia le animaba la esperanza de dar la sorpresa y colgarse
un metal en su propia casa, pero el sueño le duró cinco minutos, el
tiempo que la defensa y el contragolpe de los bálticos tardó en
recordarles que, en el baloncesto actual, hace falta emplearse a
fondo en las dos mitades del campo (8-18).
El veterano Andrew Gaze ha encarnado mejor que nadie el espíritu
de los 'boomers'. Ha terminado como uno de los máximos encestadores
de la competición, pero a él y a sus compañeros les ha perdido una
endeblez defensiva que les ha impedido llegar más allá.
Para Gaze, en cualquier caso, el camino ha ido muy lejos. El
partido por el bronce puede ser, después de cinco Juegos Olímpicos,
el último de su carrera con el equipo nacional australiano, al que
sólo volverá el próximo año si es absolutamente imprescindible. Se
va un gran jugador y todo un señor. Los nuevos genios lituanos sólo
acaban de llegar.