De los 71 países que lograron medallas en Sydney, sólo siete
latinoamericanos aparecen en el cuadro de honor y únicamente tres
han logrado oro: Cuba once y México y Colombia una, mientras que
Brasil, Argentina y Uruguay obtuvieron platas y Chile una de bronce.
Entre esos siete países sumaron 52 medallas, lo que equivaldría
al sexto puesto del medallero, ya que Estados Unidos ganó 96, Rusia
81, China 59, Australia 57 y Alemania 55.
Cuba ganó dos oros en atletismo a través de Anier García en los
110 metros vallas e Iván Pedroso en salto de longitud, y cuatro en
boxeo con Guillermo Rigondeaux Ortiz, Mario Kindelán, Jorge
Gutiérrez y el ya mítico Félix Savón, con su tercer título olímpico
consecutivo.
Dos en judo femenino con Legna Verdecia (52 kilos) y Sibelis
Veranes (70), una en taekwondo con Angel Matos Fuentes, otra con el
voleibol femenino, y la restante con la lucha grecorromana por
Filiberto Azcuy.
La delegación cubana ganó en Sydney 2000 dos oros más que en
Atlanta'96, una plata más y dos bronces menos.
México, que añoraba el oro desde Los Angeles'84, ocasión en la
que había logrado dos, volvió a subir en el medallero con la dorada
obtenida en levantamiento de pesas por Soraya Jiménez Mendivil (58
kilos), disciplina con la que Colombia logró por primera vez en su
historia un título olímpico con María Isabel Urrutia (75 kilos).
Argentina hace 48 años que no gana un oro olímpico, Uruguay
obtuvo con el ciclista Milton Wynants una medalla (plata) después de
36 años y Chile, con el bronce logrado por su selección de fútbol,
se anota en el medallero tras 44 años.
Después de dos oros en Atlanta, Brasil no pudo llegar en Sydney a
la posición más alta de un podio en ninguna disciplina, lo cual ha
significado en el país deportivo más poderoso de Sudamérica una
frustración, ya que ni siquiera el fútbol aportó un positivo y el
equipo regresó a casa con su entrenador, Wanderley Luxemburgo,
prácticamente destituido.
La medalla de oro en la competición olímpica de fútbol es la
espina más dolorosa de los brasileños, que en este deporte han
ganado todo lo demás.
En Latinoamérica no hay datos que hagan suponer cambios en el
corto plazo para mejorar el rendimiento deportivo en la alta
competición, lo cual indica que sólo algunos deportistas, y por
esfuerzos individuales, tendrán posibilidades de entrar al cuadro de
honor olímpico en el futuro.
Antonio Rodríguez, presidente del Comité Olímpico Argentino, dijo
en Sydney que las carencias en la región pueden calcularse a partir
de las que tiene su país, en el que faltan al menos unas veinte
pistas de atletismo para cubrir las necesidades de su potencial
deportivo.
Las políticas deportivas dependen en Latinoamérica de
presupuestos mínimos, que están a tono con la crisis económica
global, pero también con la falta de apoyo de las empresas privadas
y de una vinculación real y concreta del deporte con los organismos
de educación.
Sydney dio alegrías apenas a un puñado de deportistas
latinoamericanos, algunos de ellos solitarios y silenciosos
luchadores, y otros, muy pocos, superprofesionales que no tienen
otra obligación que entrenarse y competir.