La estadounidense acaparó, efectivamente, toda la atención, pero no tanto por sus victorias como por sus derrotas y, pese a sus tres preseas doradas, se fue de Sydney con un sabor agridulce en la boca.
Ello se debe a que Jones había proclamado a los cuatro vientos que ganaría cinco medallas doradas.
Al frustrarse el duelo de Maurice Greene y Michael Johnson en los 200 metros por una cruel broma del destino, la campaña de Jones se convirtió en el atractivo central del atletismo, y probablemente de los juegos.
Jones empezó bien y ganó el oro en los 100 y los 200. Pero en el salto en largo afloraron sus limitaciones técnicas en esa prueba y se tuvo que conformar con la medalla de bronce.
Al día siguiente, se llevó el oro en el relevo de 4x400 haciendo una carrera fenomenal, pero no pudo sobreponerse a la debilidad de una posta de 4x100 que sintió las ausencias de Gail Devers e Inge Miller y terminó apenas tercera, detrás de Bahamas y Jamaica.
"No me voy amargada. Tenía posibilidades de ganar cinco medallas y lo intenté. No pudo ser. Pero sé perder", afirmó la estadounidense, quien jamás perdió la sonrisa y se sobrepuso al golpe que representó la noticia de que su esposo, el campeón mundial de lanzamiento de bala C.J. Hunter, dio positivo de nandrolone en cuatro controles antidopaje.
Si bien no logró completar la empresa histórica que intentó, nadie le hizo sombra a Jones en el atletismo, en parte porque Greene y Johnson vinieron con metas más bien modestas.
Los dos cumplieron sus objetivos. Greene ganó oro en los 100 y el relevo corto, y Johnson lo hizo en los 400 y el relevo largo. Sin embargo, ninguno de los dos estuvo cerca de fijar récords mundiales y su paso por Sydney será más recordado por lo que no hicieron que por lo que hicieron.
Su esperado choque en los 200 estaba llamado a ser el plato fuerte de los juegos, pero se lesionaron en la final de las pruebas selectivas estadounidenses y ninguno de los dos se clasificó para esa distancia.
Las mujeres fueron las grandes protagonistas del atletismo, que por primera vez desde 1948 no registró récords mundiales.
Una de las pruebas más atractivas fue la de salto con garrocha femenino, que se disputó por primera vez y en el que la estadounidense Stacy Dragila, la australiana de origen ruso Tatiana Grigorieva y la islandesa Vala Flofadottir cautivaron al público con su talento y su belleza.
La alemana Heike Drechsler, por su parte, dio la nota al derrotar con sus 35 años a la italiana Fiona May y a Jones en el salto en largo.
Y Merlene Ottey, de 40 años, casi sube al podio en los 100, en los que entró cuarta a dos centésimas de segundo de la tercera, y resistió la embestida de Jones en el relevo de 4x100, ayudando a que Jamaica se llevara la presea de plata.
Otra mujer, la australiana Cathy Freeman, fue la favorita sentimental del público. Freeman, una abanderada de la causa de los aborígenes australianos, encendió la antorcha olímpica en lo que fue considerado un gesto de reconciliación de la mayoría blanca para con esa minoría postergada y luego ganó el oro en los 400 metros, prueba que domina desde hace tres años.
Lo más destacado entre los hombres fue los triunfos del polaco Robert Korseniowski en la marcha de 20 y 50 kilómetros. Nunca nadie había ganado las dos caminatas en una misma justa olímpica, ni había revalidado su títulos en los 50, como hizo el polaco, a quien muchos consideran el mejor marchista de la historia.