Al cierre de la prueba olímpica del pentatlón, era la lucha la que decidía al vencedor final.
En los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna la lucha no pudo faltar en el programa olímpico, a pesar de que sólo compitieron cinco luchadores en una sola categoría.
HISTORIA
Quizá como ningún otro deporte, la lucha es el de mayor universalidad en la humanidad. La misma historia señala que, como deporte, la lucha a mano desnuda precedió al combate armado, transformándose en ritual de civilizaciones antiguas. En un principio la lucha era prácticamente a muerte, por lo que se le consideraba un culto sagrado. La mitología griega ofrece vastas historias de lucha, siendo una de las más célebres la sostenida por el gigante Anteo, hijo de Poseidón y Gaia, cuyo significado es Tierra.
Anteo recibía fuerza por el contacto con su madre, pero Heracles lo venció despegándolo del suelo antes de ahogarlo en sus brazos. Por eso, los griegos aseguraban que los dioses fueron los creadores de la lucha.
Sin embargo, otros rasgos de la creación de la lucha fueron encontrados en China, Islandia, América del Sur y Turquía, donde existieron indicios de lucha en aceite y en el ex territorio soviético, con antecedentes de sambo.
LOS ESTILOS
Esta modalidad prevaleció en un principio por el deseo de dignificar el combate cuerpo a cuerpo y diferenciarla de los cruentos y salvajes combates que en los inicios del Siglo 19 ya eran populares en Europa, sobre todo en Francia.
Para la segunda edición de los Juegos Olímpicos, París 1900, la lucha desapareció del programa, pero a la siguiente, San Luis 1904, los estadounidenses, que ya apreciaban este deporte, propiciaron el retorno de la lucha al olimpismo, sólo que se trató de un nuevo estilo, el libre.
El nombre partía de la expresión "catch as catch can", atrapa o agarra como puedas, y ésta fue la gran diferencia con el estilo greco.
El greco sólo permite sujetar al contrario de la cabeza a la cintura, mientras que la libre permite atacar también en las piernas.
En los Juegos Olímpicos de Londres 1908 se incluyeron por primera vez los dos estilos, pero cuatro años más adelante, por imprecisiones en las reglas, se suprimió la libre.
Y a raíz de estos problemas técnicos suscitados en Estocolmo fue como surgió la federación internacional de la especialidad, que vino a poner orden.
A partir de Amberes 1920 los dos estilos de lucha han figurado en los programas olímpicos.
REGLAS BASICAS
En ambos estilos está prohibido golpear, morder, estrangular, aplicar tomas dolorosas antirreglamentarias, así como torsiones y retorcimientos que puedan desencadenar en dislocaciones o daños mayores.
El estilo grecorromano, en el que los participantes tienen prohibido abrazar por debajo de la cintura, supone gran capacidad de fuerza en la parte superior del cuerpo del especialista en este estilo.
Por el otro lado, la libre ofrece pleno dinamismo por la rapidez de los movimientos.
LA VESTIMENTA
Los luchadores visten una malla de una sola pieza, llamada butarga, la que va ajustada al cuerpo, se sostiene por tirantes sobre los hombros y se extiende hasta la mitad de cada muslo.
Un competidor, sin importar su nacionalidad, debe usar la butarga en color rojo y el otro en azul, siempre con el nombre o escudo de su país al frente.
No se permiten tacones ni partes metálicas.
En algunos torneos internacionales los contendientes utilizan cascos de protección u orejeras, siempre bajo autorización médica, pero nunca en los Juegos Olímpicos.
El árbitro suele vestir de blanco, con la obligación de llevar un distintivo azul en la muñeca derecha y otro rojo en la izquierda, que al levantar uno u otro señala los puntos o acciones que va acumulando cada competidor.
No está permitido la aplicación al cuerpo de sustancias grasosas o pegajosas y el atleta tampoco puede llegar excesivamente sudado al área de la competencia.
Los competidores deben llevar un pañuelo limpio para que, en caso de sangrado o escupir, puedan ellos mismos limpiarse.