Hijo de un campesino y nieto de esclavos, Owens fue rescatado de la pobreza y de un futuro sin posibilidades gracias a sus asombrosas condiciones atléticas.
Durante 45 minutos en 1935 se aseguró un lugar en la historia al romper cinco récords mundiales e igualar otro. Su nombre estaba entre los favoritos para los Juegos de Berlín del siguiente año en los que participó en los 100 y 200 metros, salto de longitud y en los relevos 4x100.
No defraudó a nadie al lograr cuatro medallas de oro, deslumbrando con su potencia, velocidad y elegancia, dejando en evidencia las teorías racistas de los nazis y mostrando su lado repugnante y su falsedad.
Contrariamente a lo que se cree, Owens no recibió un desaire del propio Adolf Hitler, canciller de Alemania, pero s'' fue ignorado luego por el presidente estadounidense Franklin Roosevelt y tuvo que verse reducido a exhibiciones, como correr en competición con caballos antes de establecerse como un orador público, elogiando las virtudes de un sistema que le había desatendido ampliamente tras su actuación heroica en Berlín.