Amor en portugués: el descubrimiento del verdadero amor
Había ya dejado atrás la idea de que esa noche pudiera sorprenderme, cuando la imagen se me apareció de cuerpo presente, y me acordé del bote, el mar, el puerto. No era posible, pero sí: es, no cabe duda. ¿Le hablo o no le hablo? Ya pasó casi un año y nunca llegamos a vernos ¿se acordará? No, qué se va a acordar... fueron dos horas en un chat, un día cualquiera, y ahí quedó todo. No pierdo nada intentando.¿Hola ¿dije con una timidez que ya había olvidado.
¿...
¿No sé si te acordarás pero... ¿y le expliqué: le hablé del bote, del chat, de ese día cualquiera, de lo que no podía, de lo que ahora puedo. Por alguna razón nos habíamos vuelto a ver. No: nos habíamos visto por primera vez en persona. Ahora tendríamos que averiguar por qué, para que la historia tuviese sentido.
Dudó un instante. Empezó a decirme que se tenía que ir, que un gusto, nos vemos un día de estos, chau chau, y de repente se quedó como con una duda y me dijo:
¿Vení, vamos a tomar algo.
Y yo, que ya estaba preparándome para el golpe, recuperé el aliento a la velocidad de la luz y fuimos, y tomamos algo, y hablamos, y nos conocimos otra vez, y me dijo que nunca había hablado de esa forma, tanto tiempo, con un desconocido por un chat, y por qué no me llamaste...
El boliche cerró y nos fuimos caminando. Era la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil; el consulado abría a las ocho y fuimos juntos. Votó por el candidato que yo quería y llegamos a la parada del colectivo. Hoy el camino termina acá, pero llamame. Me liga, hein?
Unos días después nos volvimos a ver. Había tenido sexo muchas veces en mi vida: ya había llegado al punto en el que no tenés idea de cuántas. Parece una tontería, pero unos años antes, llevaba la cuenta, ¿lo harán todos al principio? Pero esa noche hice el amor por primera vez.
Y cuando estábamos en la cama me cantó una canción de Caetano que todavía me eriza un poco la piel cuando la escucho, y lo hicimos varias veces más, en varias partes de la casa, y cuando le dije que era la cosa más linda que había visto en mi vida me dijo:
¿Quem, você?
Y me enamoré en portugués, por primera vez.
Lo que vino después no es parte de esta historia, pero diré que tuvo momentos muy lindos y otros muy tristes. Momentos que nunca olvidaré y otros que prefiero no recordar. Después del amor y el desamor, nos quedó una amistad que hasta el día de hoy sigue siendo muy fuerte. Y empecé a escuchar más canciones de Caetano, y de otros. Y un tiempo después fuimos juntos a su pueblo, ya como amigos, y pude tocar ese bote con mis manos, y estaba igual que en la foto: el mar, el puerto, nosotros bajo el sol de ese hermoso país, tomando coco helado y caminando con los pies descalzos.
Volvimos a Buenos Aires y, poco tiempo después, empecé a estudiar portugués. Ahora sé que jamás podría explicar en español quanta saudade tenho desses dias.
Bruno Bimbi




