(El sexo es uno de los placeres en la vida)
Un poema al erotismo gay y los sentidos
Tu mirada recorre mi cuerpo aún con ropa, sabes que mi deseo aumenta. Tu mirada parece traspasar las telas delgadas que cubren mi piel, mi piel que te ansía, que te necesita como tantos días. Tu pantalón se desliza, y el mío cae lento…
Humedeces tus labios y mi respiración se agita, te acercas y te extiendo mi mano: temblorosa, ansiosa de ti. Entrelazamos nuestros dedos y dibujo tu cara, recorro tus ojos que se entrecierran a mi tibio contacto. Abres un poco tus labios, los humedeces otra vez y exhalas, yo sigo mi paso y me detengo a dibujarlos, a sentir su efímera humedad.Tu olor se hace cada vez más presente, me embriaga, me invita a oler tu cuello. Me acerco más, tú me dejas. Mi nariz fría camina por tu cuello que empieza a arder. Tu cuello firme, rígido, terso, oliendo a ti, oliendo a mi deseo. Lo recorro y tú te pegas para sentir mi barba de varios días, me elevo tanto que el mundo desaparece.
Beso tu cuello y siento como te estremeces, y eso me motiva a seguir, a dejarme envolver en la atmósfera que creamos: luz baja y un jazz de fondo. Tu respiración se intensifica y tu aliento roza mi piel. Tus manos me abrazan, me envuelven y yo jamás me opondría, te dejo seguir. Dejo que recorras mi espalda, que busques el pliegue de mi playera para subirlo y sentir tus manos sobre ella.
Te susurro lo que siento, te susurro y tu cara cambia, me dejas saber que te gusta, el roce de mi voz con tu oído me incita a contarte una historia, a contarte mi deseo, mis historias profundas, mi sentimiento que nace, el gozo intenso que me dejas sentir.

Tus dedos viajan por mi cuello, atraes mi rostro y besas mis labios, me llenas de tu sabor, tu aroma, tu calor y tu saliva. Tu saliva que sabe a gloria, a adicción, a pasión. Te abrazo tanto que siento que nos fundiremos, mi alma quiere acariciar la tuya y mi cuerpo se deshace y rehace entre tus brazos.
Tu voz, susurrándome tu deseo, penetra mi ser, me recorre. Sigues abrazándome y me despojas de esa tela que nos alejaba, alzo tu playera y me acerco a ti. Nos tocamos, siento tu calor, tu piel encendida, y beso tu cuello, bajo por tus hombros, huelo tus axilas, tu pecho, tu vientre. Imitas mis movimientos, tu lengua saborea mi piel, mi sudor, me soplas y el frío de tu aliento contrasto con el fuego de mi ser.
Tu cara, ver tu cara me sacia, me invita a seguir, a no soltarte, a extender el momento.
Tu pantalón se desliza, y el mío cae lento. Me miras, te miro. Me jalas a ti, caemos en la alfombra, el jazz sigue su ritmo, lento, envolvente, va a nuestro ritmo. Nuestras piernas se cruzan igual que nuestras bocas. No quiero soltarte, mis sentidos despiertos se comunican con los tuyos. Me basta este placer y me dejo llevar, sigo, sigues.
No te detengas, el tiempo no importa hoy, la noche es nuestra, el mundo sigue girando, y nuestros cuerpos se necesitan.
Luis Miguel Bernal




