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Los gays ¿también huyen de la soledad?

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Estar solo no necesariamente es sentir que nadie está a nuestro alcance, que somos los únicos en una habitación o que fuimos los primeros en despertarse; la soledad es independiente a todo eso, es un estado de desvinculación con los demás.

Frecuentemente la soledad es una de las razones por las que muchas personas se lanzan a la búsqueda de una relación de pareja; sin embargo y muy a su pesar, también son muchos entre ellos quienes descubren que aún habiendo encontrado una pareja convincente, la soledad persiste y se instala como un indeseable inquilino de la relación.

Una situación similar ocurre cuando llevados por el deseo de evitar este malestar, asistimos a antros, conciertos, fiestas sexuales, o hasta nos subimos al metro, y ahí todavía va ella, igualmente apretadísima entre los apachurrados pasajeros del último vagón. Y lo cierto es que mientras más buscamos la compañía de otros, más nos convencemos de que a la soledad le importa poco nuestras habilidades para socializar. Ella siempre está ahí, por más que le busquemos.

Ahora bien, la cosa es qué y dónde le buscamos. Veamos de qué estamos hablando: sentirse solo no necesariamente es sentir que nadie está a nuestro alcance, que somos los únicos en una habitación o que fuimos los primeros en despertarse; la soledad es independiente a todo eso, pero esto no es ninguna noticia, ¿cierto? Más bien, la soledad es más un estado de desvinculación con los demás, es decir: podemos estar a mitad del vagón del metro, pero no sientes tener nada que ver con el de atrás, ni con el que está adelante, ni con el de a lado, etc.

En estos casos, si así lo sientes, es comprensible, porque efectivamente ellos no tienen nada que ver contigo. Pero al contrario, puede ocurrir que estás en casa, a la hora de la comida, con tus padres, tus hermanos y hasta el perico, y entonces, cuando debieras sentir que tienes mucho que ver con todos quienes están a tu alrededor, no lo sientes.

La soledad que nos ocupa es un estado anímico, no una situación social.

Puede pasarte con tu familia, con tus amigos, con la gente del trabajo o con todos al mismo tiempo. La soledad es esa sensación de estar aislado de los demás, de no ser relevante para los otros, o que ellos no lo son para uno. Puedes tener a tu pareja, vivir con él o con ella, y sentir este aislamiento aún cuando tu compañero se esfuerza en hacerte sentir especial. Es algo que falla adentro de uno, por eso, la cura contra la soledad es, de nuevo, algo se busca adentro de uno.

Por eso cuando te sientes solo y sales a antros para sacudirte la soledad, o buscas una pareja que te distraiga, o etcétera, la soledad se mantiene ahí arraigada porque no estás buscando afuera y no donde debes.

¡Sí!, ya se que suena como un axioma budista, o la clase de cosas que le diría un Jedi a su joven padawan, pero es cierto. Lo primero que debes checar es qué hace que no te sientas vinculado con las personas que te son significativas, las que son especiales para ti. Vamos, si das un vistazo a tu alrededor, encontrarías que hay varias personas a quienes les importas; ok, dudo que podamos hablar de montones y montones de gente, porque usualmente las cosas no funcionan así, pero ¿qué tal seis o siete personas?, un par o dos de amigos, tu familia, o hasta alguien en el trabajo que lleva tiempo lanzándote indirectas y tirándote el can, pero a quien aún no pelas, o que se yo. Siempre e invariablemente, todos tenemos quienes se quieran vincularse con nosotros, pero no siempre nos damos cuenta de que ahí están.

A veces nos da por flagelarnos y creemos que somos las últimas personas en esta galaxia a quienes alguien podría considerar interesantes; en el espejo nos encontramos anodinos y sin chiste, y cuando vemos a los demás, nos convencemos de que ellos a su vez miran a cualquier otro salvo a nosotros. La clave: convéncete a ti mismo de lo chido que eres o de lo chida que eres, y abre los ojos; la realidad será apabullante cuando te des cuenta de que hay a tu alrededor mucha gente que se considera cercana a ti, y una vez que caes en esa consciencia, difícilmente volverás a sentirte solo.

Hernán Paniagua

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