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 ¿Pareja o Dispareja? -
( ¿Pareja o Dispareja?)
Puede ser

A veces la solución de una relación no es la terapia

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Los tres errores más frecuentes de una relación: La invasión a la intimidad, la inseguridad y la falta de franqueza en la pareja, hacer más por el otro que pensar en nuestro crecimiento individual. ¿Sabes como resolverlos?

Frecuentemente, cuando pensamos que ya agotamos toda nuestra creatividad en tratar de resolver los errores que una y otra vez y de manera sistemática hemos repetido dentro de nuestra dinámica de pareja, lo primero que se nos ocurre es acudir al psicoterapeuta.

La idea, bastante acertada por cierto, es que la opinión de alguien que tiene una visión externa de nuestros problemas y que además cuenta con el soporte profesional de una carrera ad hoc, puede sernos útil para esclarecer en qué estamos textoequivocándonos y qué podemos hacer diferente para corregir nuestra situación, dándole a nuestra historia el tan anhelado final feliz.

Sin embargo en ocasiones el mensaje que da respuesta a las preguntas que nos agobiaban está por ahí afuera, no necesariamente en el consultorio de algún psicólogo, esperando a que le prestemos atención.

Así me sucedió la noche del jueves pasado, cuando caminaba yo, no sin cierta parcimonia, por la explanada del Monumento a la Madre, y vi que en el viejo teatro del Arlequín estaba por iniciar alguna función.

Me dirigí a la taquilla, pague mi boleto y me dispuse a ver Hasta que la otra nos separe. Desde el inicio hasta el final del montaje fui testigo de la representación de los errores más frecuentes que cometemos en una relación de pareja.

De ahí, fusilándome parte de los mensajes que emite esta obra teatral, puedo mencionar los tres errores más frecuentes que le dan fin a una relación:

Error uno: En la obra es divertido ver cómo uno busca en las ropas del otro algún indicio de que efectivamente le es infiel, alguna prueba que justifique cualquier insana suspicacia de su parte. Deja de ser divertido cuando en la noche anterior éramos nosotros quienes hurgábamos entre los mensajitos del celular de nuestra pareja viendo quién le ha escrito, qué le ha dicho y lo que le ha contestado.

La invasión a su intimidad no es solamente una omisión al respeto del otro, sino es además un declarado autogol para nosotros mismos: cuando nos dejamos llevar por los pensamientos obsesivos hasta buscar y buscar lo que en realidad no quisiéramos encontrar, terminamos creyendo que nos hemos topado con la innegable evidencia de su engaño, pero suele ser que nos hemos convencido tanto que debe haber algo por ahí que le inculpe, que acabamos creyéndonos que cualquier cosa es el fatal objeto que estábamos buscando.

¿Qué hacer? Bueno, la cosa es la más lógica del mundo: si tienes alguna duda del lugar en el que tu pareja estuvo, pregúntale y confía en su respuesta. En el escenario de una relación de pareja es mil veces mejor pecar de confiado que dejar que la suspicacia destruya tu relación.

Error dos: En algún momento de la obra ves como espectador llover reclamos a diestra y siniestra, y cuando las cosas parecen empezar a calmarse, sale otro reproche de cuando en cuando por aquí o por allá. Es muy interesante cómo él, siendo confrontado con tanta recriminación por ser infiel, sin serlo en realidad, sale de casa a ponerle finalmente el cuerno a su pareja, ya sin nada que perder.

En la vida real la historia es muy parecida: guiados por nuestras inseguridades le lanzamos al otro nuestras conjeturas como si fueran realidades, afirmamos lo que solamente es una sospecha y le dejamos tristemente en claro que no importa lo que haga, sea malo o bueno, siempre esperaremos lo peor de él.

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Adonis

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