Reportaje Especial 

Petra, la ciudad oculta

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En medio del desierto jordano, el viajero queda sorprendido al descubrir la vieja ciudad de Petra, donde permanece una soberbia arquitectura religiosa y funeraria de la época del imperio romano. Ésta es la mítica ciudad oculta, de piedra rosada.

* Tour virtual

Petra es un bello enigma revelado apenas hace algo más de un siglo; un enigma que hoy sigue asombrando y creciendo, a medida que prosiguen excavaciones que van –de año en año- engrandeciendo el patrimonio visible en este territorio desértico.

Las ciudades romanas de Oriente

El imperio romano tuvo una expansión que alcanzó los confines de Mesopotamia, donde existieron unas ciudades con una vitalidad y cultura hoy inimaginables. En territorios hoy desérticos hubo un notable florecimiento comercial y un urbanismo avanzado. Aún perduran sorprendentes restos arquitectónicos.

En Siria, por ejemplo, estaba Palmira, que alcanzó su época más brillante hacia el siglo III. Allí reinó Zenobia, una mujer ambiciosa que llegó a controlar este territorio oriental y se enfrentó al propio imperio romano. En las ruinas, descubiertas a partir del XVII se aprecian los vestigios de aquella rica urbe, donde confluían estilos romanos y más orientales.

Este tipo de cultura sincrética y avanzada se registra en otros puntos del territorio oriental del imperio, como Dura Europos, que mantuvo una activa vida cultural hasta mediados del siglo III, cuando fue arrasada por los partos. Sinagogas, iglesias cristianas y templos de dioses romanos y orientales muestran su carácter de encrucijada de civilización.

Pero entre las ciudades de este territorio oriental, tal vez la más enigmática y sorprendente es Petra.

LA CIUDAD DE LOS NABATEOS

Petra se asienta en un lugar fragoso, accidentado, en uno de los bordes de la fosa del Rift, hundimiento que cruza de sur a norte el territorio africano y que se prolonga por el Mar Rojo, Mar Muerto y Valle del Jordán. Está en el sur de Jordania, unos 250 kilómetros por debajo de Amman.

Ya en el neolítico, el territorio de Petra tuvo un poblado edomita. Luego, en el siglo VI se estableció por allí la tribu de los nabateos, nómadas procedentes del desierto arábigo, que lograron prosperidad mediante el saqueo y el comercio.

El Imperio nabateo llegó hasta el Mediterráneo, Siria y Arabia, controlando las rutas caravaneras. Petra debió ser algo así como un centro espiritual del mismo. Aguantó la presión romana hasta el año 106 después de Cristo. Ese año, la ciudad pasó a integrarse en la provincia romana de Arabia. Petra se modernizó entonces, pero perdió vigor. Los nabateos declinaban en lo comercial, en tanto que florecía, al norte, la ciudad de Palmira.

Hubo pronto un activo cristianismo en el lugar y una importante ciudad bizantina. Luego llegó la decadencia casi total bajo la dominación árabe. Aún estuvo vinculada a los cruzados durante algún tiempo y cayó en el olvido. La última cita histórica medieval fue del año 1267.

Jean Louis Burkhardt, nacido en Suiza en 1784, estudió el árabe y se convirtió al islam, cambiando su nombre por el de Ibrahim Bin Absukkah. Conoció en 1812 el territorio jordano y la caravana en la que viajaba en dirección a La Meca pasó cerca de Petra. Él redescubrió la ciudad oculta.

LOS EXTRAÑOS MONUMENTOS DE PETRA

Al lado de una rambla habitualmente seca, en un paisaje montuoso y desértico, lo primero que halla el viajero son los Djin Blocks, monumentos de forma cuadrada y de construcción nabatea, de función misteriosa. Pudiera tratarse de una tipología inusual de tumbas, aunque tampoco sería extraño que fueran construcciones en honor del dios nabateo Dushara, representado usualmente con forma geométrica.

Muy cerca aparecen ya construcciones monumentales. La primera es la tumba de los obeliscos, coronada por cuatro de estos. Debajo de los obeliscos se observa un triclinio y en la parte inferior tres habitaciones que hacen sospechar que estuvieron destinadas a la organización de banquetes funerarios. La influencia de la arquitectura egipcia es evidente.

Poco más adelante se inicia el Siq, que no es sino un angosto desfiladero de cuatro a seis metros de anchura, 40 a 170 metros de alto y 1,2 kilómetros de longitud.

El desfiladero fue tal vez una vía de purificación espiritual, un lugar donde encanta el ambiente de silencio, en el que se goza del frescor de la umbría y del aroma de las higueras que crecen entre la roca, y al que llegan cantos de alondras.

En las paredes se observan hornacinas en honor al dios Dushara, un desfile procesional de hombres y animales (casi borrado por el tiempo y la barbarie), inscripciones históricas y hasta un altar de sacrificios, sencillo, en medio del camino, y al lado de un pequeño habitáculo excavado en la roca, tal vez lugar del sacerdote o para almacén de elementos de culto.

El tortuoso avance por el Siq termina de forma abrupta, cuando por la estrecha abertura del desfiladero aparece El Tesoro.

EL TESORO DEL FARAÓN

El Tesoro es el edificio más emblemático de la ciudad, ubicado estratégicamente en un espacio reducido y relativamente protegido de la intemperie, con un suave color rosado y una factura sumamente clasicista.

El conjunto esta integrado por una fachada de dos niveles, la de abajo sostenida por seis columnas, y coronada por sendos obeliscos no finalizados. El interior es una sala funeraria cuadrada sin decoración actual alguna.

A partir de este lugar el Siq varía en dirección noroeste, pasando ante otra sala sagrada, frente al Tesoro, donde debieron realizarse antaño funciones relativas a los enterramientos.

El viajero sigue adelante, hacia el corazón de Petra, por la calle de las Fachadas. Se trata de un denso conjunto de tumbas construidas por los nabateos en los farallones rocosos, con un evidente parentesco con el arte asirio. Se puede acceder fácilmente a ellas, y hay al menos una cuarentena, de estructura notablemente similar.

Si se continúa la dirección de la rambla, inmediatamente se halla el teatro. Los nabateos lo construyeron en el siglo I a de C. para un aforo de unos 4.000 espectadores. Lo hicieron al modo griego, más abierto hacia el exterior. Los romanos, tras la conquista de la ciudad, ampliaron el lugar para darle un aforo de 7.000 personas. Pero un terremoto lo dañó severamente en torno al 363 después de Cristo, y parte de la estructura se reutilizó en otras dotaciones.

LAS TUMBAS REALES

El desfiladero deja de serlo a la altura del teatro, y en la montaña de la parte opuesta aparecen unos inmensos enterramientos colectivos, los más grandes, denominados Tumbas Reales.

Es especialmente destacable la Tumba de la Urna, donde se guardaron los restos del rey nabateo Maluchos II, con una gran terraza abierta y columnatas en torno a ella, y un gran interior de paredes rectilíneas y gran capacidad (18 por 20 metros).

Esta tumba tuvo utilización civil en tiempos romanos y fue catedral bizantina más tarde. En el fondo tiene, para la función religiosa, tres pequeñas cámaras abiertas.

Otras tumbas son las de La Seda, interesante por sus coloraciones; La Corintia, muy deteriorada, pero de una estructura similar a la del tesoro, y la monumental tumba del Palacio, de inmensa fachada.

Siguiendo la dirección de la rambla y paralela a ésta, aparece la vía romana pavimentada, el decumanus, construida en el 106 al modo romano y centro de la nueva ciudad.

En torno a ella se amontonan restos de numerosos monumentos: el ninfeo, los mercados, el Palacio Real, los baños nabateos, y las puerta del Témenos. Cerca de la calle aparece, orgulloso, otro templo nabateo de considerables dimensiones, que se ha mantenido vigorosamente enhiesto hasta la actualidad. Los beduinos le llaman Templo de la Hija del Faraón, y está en proceso de restauración. Probablemente se trata de un gran lugar de culto, en honor del dios Dushara. Tienen sus muros 23 metros de altura y es un documento excepcional constructivo porque se trata de la única edificación nabatea no excavada en la piedra.

En la zona norte del decumanus abundan las ruinas. Entre ellas las de sendas iglesias bizantinas; el templo de los leones alados, dedicado a la diosa de la fertilidad, Atargatis, compañera de Dushara; los recintos amurallados y el Monasterio, muy parecido al Tesoro, aunque mayor. Es un magnífico edificio del siglo III a. C. y fue utilizado de iglesia en época bizantina, como atestiguan las cruces talladas en los muros.

En todo el territorio de Petra y alrededores se pueden hacer recorridos distintos para conocer elementos adicionales, entre ellos los castillos de los cruzados.

Petra ha pasado a ser un importante objetivo turístico, e incluso un lugar de rodaje de secuencias cinematográficas, como alguna película de Indiana Jones. Recientemente filmó allí el escritor Juan José Benítez un documental sobre el Arca de la Alianza.

Sin embargo Petra corre el riesgo de convertirse en un parque temático y perder su personalidad. Por un lado, ha habido momentos de una presión de visitantes altísima. Por otro, hay que alertar sobre el cuidado en aspectos como la restauración. Es una pena ver el suelo del Siq cubierto de cemento, con lo barato que hubiera sido empedrarlo a la manera romana, como estuvo antaño.

Tomas Alvarez/EFE
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