Destinos del mundo
Una visita de seis días a Nueva Delhi y sus alrededores es muy corta, pero es suficiente para dejarse seducir por el encanto de una región alucinante.
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En las calles de Delhi, de Agra y de Jaipur, en el norte de India, todo el mundo pita. No parece haber otra manera de abrirse paso entre la multitud de bicicletas, motos, taxis, rickshaws, carros particulares, buses, camiones y peatones que confluyen en la misma esquina o en la misma glorieta.
El ruido de las bocinas no solo no parece perturbarlos sino que ellos mismos incitan a usarlas: "Por favor, pite. En la noche haga cambio de luces", se lee en inglés en las partes traseras de los singulares vehículos de pasajeros y de carga, de tractores que jalan platones de volqueta repletos de mujeres, de camellos que tiran carretillas con bultos enormes, de autobuses con un racimo de hombres en el techo...
Todos circulan por la derecha, que en el caso de India es el carril de velocidad porque se quedaron con la costumbre inglesa de ir en contravía del resto del mundo. En las carreteras los choferes no se pasan sino que pitan y esperan a que el otro abra paso.
Ese tráfico endemoniado hace que, cruzar una calle a pie o tan sólo pensar en tener que manejar, produzca escalofrío. Entrar a una glorieta es una proeza y salir de ella es un milagro, sobre todo si se viaja en taxi-moto, una angosta cajita de tres llantas verde y amarilla, con techo de lona, una cortina de hule a modo de ventana y un hueco como puerta. Cómodamente apenas les caben dos personas y unos cuantos paquetes, pero los indios se las ingenian para acomodar hasta una decena de pasajeros, porque es un transporte eficiente y barato: la carrera cuesta la mitad de la de un taxi normal.
Además de ruidosas, las calles son multicolores. Por todas partes se ven mujeres con sus saris naranjas, fucsias, verdes y azules brillantes, que se confunden con los textiles que venden sobre el piso o en calles comerciales.
Muchas de esas calles muestran la cara de la India miserable, que tan bien ha descrito en sus libros el escritor francés Dominique LaPierre. A lo largo de andenes de tierra en algunos sectores de Delhi o a la orilla de las carreteras que van de la capital a Agra y a Jaipur se amontonan unas carpas bajitas, remendadas, donde viven familias enteras. Algunos persiguen al turista para implorarle una limosna llevándose la mano a la boca, con un gesto que indica que tienen hambre.
Su gesto, sin embargo, no es agresivo. Los hombres y mujeres son amables, dulces y pacíficos. Dicen los guías que esta conducta tiene fundamento en sus creencias religiosas.
Las calles aquí son sucias. Hay basura y tierra que se pega al piso y las paredes, formando una nube de polvo fina y persistente. El mugre no respeta los palacios y construcciones de la época de los maharajás, los poderosos príncipes indios que gobernaron hasta 1949, dos años después de que el país consiguió la independencia de Inglaterra.
Pero que sea ruidosa, pobre o sucia, no importa. La gente, sus costumbres, sus palacios y su historia hacen de Delhi, Jaipur y Agra un destino alucinante.
La maravilla blanca
El Taj Mahal, la más famosa y exquisita maravilla india declarada patrimonio de la humanidad en 1983, es impecable, no sólo en sus paredes de mármol blanco de Rajastán, sino en los jardines y construcciones que hacen parte de este complejo de 350 años.
El mausoleo está situado en la ciudad de Agra, a tres horas de Delhi por carretera y fue construido por el emperador mongol Sah Yahan, en honor de su esposa fallecida en 1630 a los 39 años.
Cuenta la historia que con ella tuvo 14 hijos en 19 años de matrimonio, 8 de los cuales murieron siendo niños. El menor de los 4 varones sobrevivientes asesinó a sus 3 hermanos y encarceló al padre para quedarse con la corona. El emperador fue recluido en una prisión conocida como el Fuerte Rojo, situado al otro lado del río Yamuna, que pasa a los pies del Taj Mahal y desde allí, con un espejo, se las ingenió para ver el mausoleo.
La edificación comenzó a levantarse en 1631 y se terminó 22 años después, en 1653. Tiene 81 metros de alto y está coronada por una aguja de 10 metros, construida en la actualidad en bronce. La original era de oro, pero un gobernador británico se la llevó, como también se llevaron los ingleses miles de piedras preciosas que estaban incrustadas en las paredes.
Los colonizadores dejaron, sin embargo, las diminutas incrustaciones de ónix negro, jade verde oscuro, coral, lapislázuli, coralina y jasperina que forman coronas de flores y aves, en las paredes interiores que rodean los sarcófagos. Una sola flor de loto, por ejemplo, tiene 64 pedacitos de piedras semipreciosas.
La ciudad roja
También cercana a Agra está Jaipur, la capital del reino de Rajastán, conocida como la ciudad roja por el color de la piedra empleada en sus construcciones. Para llegar desde Delhi hay que viajar cuatro horas por una carretera plana, en cuyas orillas se ven ranchos con pilas de boñiga seca al lado, desecho que emplean como combustible.
Igual que Agra es una ciudad desordenada, pero maravillosa. Allí están el Fuerte Amber, el Palacio de los Vientos, el Observatorio y el Palacio de la Ciudad, en una de cuyas alas todavía viven el maharajá, su esposa, su hija y su yerno, dedicados hoy en día a los negocios inmobiliarios y turísticos.
El Fuerte, donde quedaba uno de los palacios del emperador mongol, está rodeado por 18 kilómetros de murallas y en su arquitectura se mezclan estilos y creencias religiosas: las columnas con grabados simétricos, con flores y triángulos son persas, y las decoradas con elefantes y lotos son indias. Y en una misma celosía finamente tallada en alabastro convergen en una flor de loto la esvástica de cinco puntas que es india, la estrella islámica y la cruz cristiana y en el mismo enrejado está la estrella de seis puntas, que es judía.
Desde los pasillos del complejo pueden verse los 12 apartamentos destinados a cada una de las esposas del emperador, quienes solo se encontraban en salones comunes, a los que iban vestidas igual para no despertar celos entre sus rivales.
Si vas de viaje....
* Para ir a India necesitas llevar un certificado de vacunación contra fiebre amarilla. El pasaporte debe tener vigencia mínima de un año.
* El idioma oficial es el hindi, en la escritura Devanagari, pero el inglés está bastante extendido en el país y las personas que trabajan en turismo lo hablan bien.
* La moneda oficial es la rupia (un dólar vale 47 rupias aproximadamente).
Para ir de Delhi a Agra, donde está el Taj Mahal, puedes hacerlo en buses y trenes, que salen con bastante frecuencia al día. También puedes alquilar un taxi en el hotel. Ida y regreso, con guía incluido, y aire acondicionado, puede valer alrededor de cien dólares. El recorrido (200 kilómetros) se realiza en unas tres horas.
- El Taj Mahal recibe un promedio de 10 mil visitantes diarios, 45 por ciento de los cuales son extranjeros. Los viernes está cerrado. Al Taj Mahal no se pueden ingresar cigarrillos, calculadoras, fósforos, teléfonos móviles y otros artículos que las autoridades indias consideren que pueden poner en peligro el monumento. La entrada cuesta 750 rupias (unos 15 dólares) para los turistas y 20 rupias (un poco menos de medio dólar) para los indios.
* De Delhi a Jaipur (261 kilómetros), el transporte vale unos 250 dólares, con guía y aire acondicionado. El recorrido dura cuatro horas. Para subir al Fuerte Amber en Jaipur puede usar uno de los 100 elefantes acondicionados para ello, por algo menos de 10 dólares.
Para tener en cuenta
- Janpath y Conough Place, muy cerca entre sí, son dos sitios obligados para los turistas en Nueva Delhi. Allí se consiguen collares, mochilas, saris, blusas, cojines con espejitos... y también muñecas barbies, CDs con las últimas películas de James Bond o Harry Poter y ropa de marca como Gap y Levis, a precios ridículos si se los compara con los de un almacén de Nueva York.
- Los costos de las entradas a los monumentos y palacios se incrementan cerca de un dólar en promedio si se entra con cámara fotográfica y un poco más si es de video.
- La comida es fuerte y muy condimentada, pero es fácil encontrar platos que se ajusten al paladar de quienes no gustan del picante. Eso sí, no hay que dejar de probar las variedades de panes y de pollos.
- Por seguridad, solo se debe beber agua embotellada. Una botella grande cuesta cerca de 30 centavos de dólar.
- Una Coca Cola en lata vale alrededor de medio dólar, y una pequeña en vaso unos 30 centavos de dólar.
- Una comida para cuatro personas, con 2 cervezas en botella de 650 mililitros y una botella de agua grande cuesta cerca de 20 dólares.
- Una hamburguesa de pollo de McDonald's cuesta un dólar.