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El barrio Art Deco de Miami, ubicado en el sur de Miami Beach, está considerado una joya histórica de los Estados Unidos por ser el único del país y el mayor del mundo. Desde los años 70, un grupo de artistas y residentes lucha por la supervivencia arquitectónica de este distrito, uno de los rincones más divertidos del planeta, sinónimo de sol, sexo y silicona.
El barrio Art Deco de Miami, ubicado en el sur de Miami Beach es, de hecho el refugio del topless, algo insólito en una nación acostumbrada a que las niñas de dos años cubran su pecho en playas y piscinas.Visitar South Beach Miami significa ir a pasarlo bien, incluso en tiempos de guerra. Apenas 24 calles albergan la única arquitectura Art Deco que queda en el país y la más importante del mundo, con 1.200 edificaciones.
Hoteles de dos o tres plantas cuajados de neón y un ambiente tropical alegran los días y sobre todo las noches. Los camareros-as parecen modelos y hay una explosión de argentinos atendiendo los restaurantes y locales de moda. Gente guapa y culta que busca hacer “plata” rápida para su maestría, abrir un negocio o pagarse la universidad.
Si por las mañanas la fauna humana desfila con la mínima ropa posible, el frenesí nocturno no defrauda: asombrosos atuendos de travestidos y transexuales; atascos y calles abarrotadas; descapotables, coches de época y limusinas; animadas terrazas frente al Atlántico; tacones de varios pisos; peinados ultramodernos; montañas de bíceps y toda la silicona imaginable en unas jovencitas deslumbrantes que exhiben sus piernas de gacela y una delantera apunto de meter dos goles frontales... Cada minuto es una fiesta, una comunión de razas con una nota común: la parranda.
Pero junto a la diversión también habita el peligro, como da fe el enjambre policial que transita la zona. Los agentes públicos saben que droga y dinero circulan por estas calles de carnaval y que no siempre la juerga se satisface dentro de la legalidad.
De modo que hacia la madrugada tardía, a medida que unos y otros sucumben a la noche, las calles se enrarecen y del jolgorio se pasa a la precaución. Es entonces cuando cobra sentido el recuerdo del actor Don Johnson con pistola en mano dispuesto a combatir al lumpen de “Vicio en Miami”, aquella popular serie televisiva.
Cenizas Resucitadas
Para comprender el significado de este distrito tan peculiar hay que remontarse a los años 30, el periodo de entreguerras, cuando el Art Deco hacía furor en el mundo.
Este enclave nació gracias a un puñado de arquitectos deseosos de contribuir con sus creaciones coloristas, espaciales y sofisticadas al urbanismo moderno de la época, concebido como una fantasía del diseño industrial. “I love Miami Beach”, se decía.
L. Murray Dixon, Henry Hohause, Albert Anis, Rissell T. Pancoast y Anton Skislewicz fueron, entre otros, los nombres más destacados que alzaron este curioso universo de hoteles pequeños y bloques de apartamentos que han sobrevivido a duras penas en medio de una aureola legendaria.
Ahí está, por ejemplo, el histórico Hotel Cardozo, famoso en su día por sus bandas de jazz y postres lujuriosos. O el veterano Hotel Senator de la Avenida Collins, construido en 1939 por L. Murray Dixon, hoy un símbolo del éxito del barrio en su lucha por la preservación de su belleza y estilo de vida.
En la primavera de 1988, miles de ciudadanos de Miami se concentraron ante las puertas del Hotel Senator para evitar su demolición. Los nuevos propietarios habían anunciado la intención de sustituirlo por un aparcamiento. La gente se organizó: equipos de vigilancia, llamamientos a la opinión pública, manifestaciones, etc.
Sus protestas fueron recogidas por los medios de comunicación y el asunto hizo tanto ruido que propició un acuerdo entre el alcalde, los propietarios y los vecinos: las sesenta habitaciones del hotel seguirían en pie y el aparcamiento se erigiría enfrente.
En el resurgir épico de sus cenizas, el rescate del distrito Deco de Miami Beach se ha convertido en motivo de orgullo y ejemplo en el resto del mundo. Mientras los principales edificios Deco de Londres, Seattle, Amsterdan o Sydney desaparecían, Miami ganaba su batalla contra la despiadada especulación inmobiliaria.
Hoy día, la mayoría de los hoteles han sido restaurados y sus fachadas refulgen. Algunos albergan centros culturales o públicos pero en general aún operan para el flujo siempre vivo de los turistas.
Estampa de modernidad
La artista Bárbara Baer Capitman, líder en la conservación del distrito, da idea del gran triunfo: “En los años 70 Miami Beach había caído en desgracia, basta recordar que en 1976 el término Art Deco apenas se conocía. Predominaban los neones baratos, los edificios deteriorados y los carteles de “habitaciones a 5 dólares semanales”.
Según explica, la ardua tarea para preservar los edificios y rehabilitarlos “fue tan excitante como una excavación arqueológica”.
Bárbara creo una asociación de diseñadores, artistas y vecinos que durante años ha movilizado a políticos y creado opinión pública, abogando por la arquitectura Deco frente al predominante estilo mediterráneo-español del resto de la ciudad.
Así, poco a poco, la defensa de este apetecible trocito costero logró el agrado y el consenso nacional. South Beach Miami es de nuevo estampa de modernidad e inspiración en la creciente demanda de réplicas Deco de otras localidades.
Con la recreación y apogeo del viejo Miami, el barrio ha recuperado sus días de vino y rosas, convertido en un imán para retornos sentimentales, excesos barrocos y continua alegría.
Vuelve el Deco
El diseño Deco alcanzó su clímax durante el periodo de entreguerras comprendido entre 1920 y 1941, y fue la respuesta estética a los cambios industriales y sociales en una época de invenciones. Mantuvo un aire democrático pero elitista, oscilando entre la chabacanería barata y el exclusivismo de la quinta avenida.
Frente a la elegante verticalidad del Empire State Building de Nueva York, el Art Deco fue también el estilo de las gasolineras, moteles y restaurantes de carretera. Después de la Segunda Guerra Mundial, este arte, simplemente, murió.
En Miami Beach supuso una ruptura estética con todo lo anterior, alzando edificaciones con suaves formas cubistas, acentuada horizontalidad, techos altos, escaso mobiliario, sensaciones espaciosas, ventanas octagonales, esquinas curvadas, porches con arcos, columnas en espiral y fachadas con adornos en tonos pastel. Mucha simplicidad y luz, espacios abiertos al mar y pequeños hoteles sin tiendas.
Contrastando con el bullicioso espectáculo nocturno, ésta es hoy la imagen diurna del barrio Deco de Miami Beach: un brillante pastel de siluetas rosas, verdes, amarillas y celestes; un lugar con palmeras, gardenias en los arbustos, personas madrugadoras corriendo por la playa, porches descapotables, desayunos frente al mar, partidos de tenis, paseos en yate o cócteles en la barra del adorable Hotel Delano, el más chic de la zona, famoso por su elegante mobiliario Deco y su ambiente informal, cuando no disparatado.