| Símbolos de Francia
El vino francés: La elaboración del vino se remonta en Francia a los tiempos prerromanos, aunque fueron los romanos quienes difundieron en el país la cultura y la práctica de la vinicultura. La categoría, calidad y reputación de los finos caldos de Burdeos, de Borgoña, del Ródano y de Champaña, sobre todo, los han convertido en modelos imitados en el mundo entero. Cada una de las 10 principales regiones productoras de vino tiene su propia identidad, basada en la variedad de la uva, en el clima y en la cultura local. Las leyes garantizan el origen y el tipo de los vinos.
El arte: Francia siempre ha inspirado a los artistas, sobre todo desde que el paisaje fue legitimado como tema artístico en el siglo XIX. El arte y el turismo han estado muy vinculados durante más de un siglo, cuando el establecimiento de colonias de artistas en los bosques de Fointanebleau, en Bretaña y en el sur de Francia impregnaba esas zonas de un fuerte atractivo para los visitantes. Hoy día, parte del placer de recorrer la campiña reside en reconocer los paisajes que se hicieron famosos gracias a los cuadros.
Los escritores franceses: Tradicionalmente, los escritores e intelectuales franceses han gozado de un gran prestigio en Francia. La obra de muchos novelistas franceses está profundamente arraigada a su región natal, como la Normandía de Gustave Flaubert. Además de su mérito literario, estas novelas son una guía valiosa para entender las peculiaridades regionales de Francia.
La Torre Eiffel: Originalmente construida para admiración de los visitantes de la Exposición Universal de 1889, la Torre Eiffel sólo iba a ser un añadido pasajero al cielo de París. Diseño del ingeniero Gustave Eiffel, fue duramente criticada por los estetas del siglo XIX. Fue el edificio más alto del mundo hasta 1931, cuando se completó el Empire State Building de Nueva York. Ahora, la torre es el símbolo de París. Desde la reciente instalación de una nueva iluminación se puede admirar mejor que nunca.
La comida francesa: La buena comida es para los franceses parte del patrimonio nacional. En todo el país se ofrece una amplia gama de comidas, desde la deliciosa repostería, por la que Francia es bien conocida, hasta la comida regional más sencilla disponible en brasseries y bistrots. En el extranjero, entre algunos de los productos más famosos se encuentran: la baguette, los croissants, las Moules Marinieres, los quesos, los Escargots, las Crepes, los Frits de mer, entre otros.
La Moda: Pese a existir una menor demanda por la haute couture, Francia, en especial París, sigue siendo uno de los principales centros de la moda. Los diseños que aparecen en las pasarelas son un fiel reflejo de ello. Coco Chanel (1883-1971), por ejemplo, revolucionó la moda en los años veinte con diseños elegantes pero cómodos.
El cine francés: Se dice que París es la capital mundial del cine. Además de ser la cuna del cinematógrafo, a finales de los años cincuenta y sesenta, la ciudad vio nacer un movimiento de vanguardia muy parisiense llamado nouvelle vague, cuando directores como Francoise Truffaut y Jean-Luc Godard revolucionaron la forma de hacer y percibir las películas. Actualmente, en sólo París, hay más de 300 pantallas distribuidas en 100 cines.
La champaña: Sólo en Champagne, al noreste de Francia, se puede elaborar el vino espumoso que tiene el honor de llamarse como esa región. Allí, en 35.000 hectáreas de viñedos, se producen las uvas que se transforman en esta burbujeante bebida. En el siglo XVII, mucho antes de la popularidad mundial, una joven viuda intuyó el potencial de exportar su marca. Se llamó Nicole-Barbe Posardin, pero es recordada como Madame Clicquot. Incluso en épocas de bloqueos, ella se las arregló para enviar sus botellas a Rusia, donde las esperaban con las copas preparadas.
El Arco del Triunfo: "Volverás a casa bajo arcos triunfales", prometió Napoleón a sus hombres después de su mayor victoria, Auterlitz, en 1805. La primera piedra de lo que iba a ser el arco triunfal más famoso del mundo fue colocada al año siguiente, pero problemas con los planos del arquitecto Jean Chalgrin y el fin del poder de Napoleón retrasaron la conclusión de este monumental edificio hasta 1836. Con 50 mt de altura, el arco es ahora habitual punto inicial de celebraciones y desfiles militares.
El Río Sena: Mistinguett, la célebre estrella francesa del music hall, describía el Sena como una "bonita rubia de ojos sonrientes". El río tiene, ciertamente, algo de seductor; pero su vínculo con París está lejos de ser sólo un devaneo. Ninguna otra ciudad de Europa se define a sí misma por su río como París. El Sena es punto esencial de referencia para las distancias, para la numeración de las calles y, desde luego, para la división de la capital en dos zonas bien diferenciadas.
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