Adictos al sexo virtual
Ocho millones de estadounidenses son adictos al sexo virtual: pasan por lo menos 11 horas a la semana con sus parejas electrónicas, según el documental de la cadena CBS 'Cybersex Addiction'.
El reportaje recoge casos tales como el de un abogado de 56 años que explica de qué manera se enganchó en sólo dos o tres semanas, o el de una consultora en tecnología informática, de 31 años, que se viste especialmente para sus sesiones de sexo on line porque "no existe nada para mí, aparte de esto".
Sexo virtualSegún la encuesta Durex 2003, el 25% de los españoles ya utiliza Internet con fines sexuales. ¿Es ésa la tendencia mundial que arrastra nuestra vida sexual y la de las generaciones venideras? ¿Nos dirigimos hacia un mañana de placeres electrónicos, digitalizados y robóticos?
- Elixir del amor
¿Y los hombres? El 5% padecía impotencia; un 5%, falta de deseo, y un 21%, eyaculación precoz (sobre nuestro país, ver En la Argentina). En España, un reciente estudio de la Federación Española de Sociedades Sexológicas afirma que el 34% de la población ha tenido o tiene alguna disfunción sexual.
Y eso es más de un tercio de la población, suficiente porcentaje como para que el mundo espere con ansiedad la llegada de un elixir del amor (que se pueda conseguir en Internet, igual que el Viagra).
La peligrosísima combinación éxtasis-Viagra es ya un clásico de los fines de semana. Uno aumenta el deseo sexual, el otro permite una alegría en el cuerpo que, de otro modo, tras 48 horas de fiesta ininterrumpida sería complicada de lograr.
En Estados Unidos o en Francia, este cóctel ha alcanzado tal nivel que ha triplicado el número de consumidores de Viagra menores de 45 años. Obtener las drogas sin receta es sencillo: la Web está repleta de pseudofarmacias en las que, luego de tres preguntas banales, un cibermédico verá en nosotros un claro síntoma de falta de Viagra.
Pero, junto con los afrodisíacos, el otro gran mito del sexo de estos tiempos es el que propicia la creación de una media naranja mecánica. En la Ilíada, de Homero, el dios herrero Hefesto compensaba su falta de atractivos con una habilidad con el yunque que le permitió fabricar dos robots femeninos. Pero ni un genio como Homero ni un visionario como Villiers de L’Isle Adam –que en 1886 publicó La Eva futura– pudieron imaginar que la Eva moderna fuera a tener las curvas de un monitor de computadora.
Román Gubern, catedrático en Ciencias de la Información y autor de El eros electrónico (Taurus, 2000) y Patologías de la imagen (Anagrama, 2004), dice que "Internet desarrolla y potencia al máximo una tradición que existía desde la correspondencia galante del siglo XVIII. Se diseña como un instrumento de comunicación de los militares y científicos, y sin embargo emerge, sin que nadie lo haya tenido previsto, una gran masa de Internet roja.
Las personas le han dado un uso distinto del canónico y formal. Ha emergido una demanda social que revela que no estamos satisfechos, que hay unas inconfesables necesidades y frustraciones que no afloran".
Terra/Noticiasdot.com

