Muy jóvenes para ser gay
El hombre se me acercó y me preguntó que me pasaba, yo, sin pelos en la lengua, y queriéndole dejar saber que estaba soltero y muy disponible, le conté por qué estaba solo en aquél bar frente al mar. Recuerdo decirle “Esta es la última vez que me enamoro, me han robado el corazón”. Aquél hombre se me rió en la cara, no paraba de reírse mientras me preguntaba mi edad. Y cuando le dije 26, más se reía, ahora a carcajadas.
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Mi curiosidad crecía cada vez más, creo hasta fui al baño a ver si tenía algo pegado en la cara, o si estaba tan despeinado que se reía de mi pelo. Pero no, el hombre sólo se reía de mi comentario, él no podía creer que a mis cortos 26 años ya yo me daba por vencido ante la vida, y sobretodo ante el amor.
Recuerdo como hoy cuando me dijo. “Cuando yo tenía tu edad pensaba igual, esto es el fin del mundo, yo nunca me voy a enamorar, quiero ser libre para hacer lo que me da la gana” y eso, que él me hablaba de una generación anterior a la mía, cuando él tenía sólo 26. También recuerdo que me dijo “No solo te vas a volver a enamorar, sino que varias veces, también vas a viajar mucho y harás lo que te venga en gana, sólo vive y dale tiempo al tiempo, esto no es el fin del mundo, al contrario, tu vida sólo acaba de comenzar.”
El cuento, aunque real, espero que les quede claro. Ahora que tengo la edad que tenía ese señor, y miro hacia atrás, me doy cuenta de qué mucha razón tenía, mi vida, sólo comenzaba en ese momento, he tenido varias parejas desde ese entonces, he viajado el mundo, y soy quién siempre quise ser y no sólo ante mi familia y amigos, sino ante el mundo entero. Ahora, soy yo ese señor que te encuentras, en un bar frente al mar, en la calle, en el computador, en la vida y les dice: “Tranquilos todos, se que todo parece ser el fin del mundo, pero sus vidas sólo acaban de comenzar, tranquilos, todo caerá en su lugar y todo va a mejorar”.
Andrés Fortuño

