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Sexo en la oficina: riesgo y deseo

En la oficina nacen todos los días relaciones ocultas, intensas, irresistibles, muchas veces prohibidas, otras veces interesadas. Lo cierto es que existen, y si estamos en medio de una relación pasional de oficina, nada mejor que disfrutar y, sobre todo, no cometer errores, como involucrarse con la amante del jefe.

‘¿Nos encontramos a las ocho?’ ‘Ok, te espero, no demores’. Los diálogos son cortos, directos y aparentemente normales (Regla número uno: no llamar la atención). La cita ya está hecha, la pasión no entiende de lugares, horarios ni reglas empresariales.

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Veamos una historia típica, de esas que se repiten en (casi) todas las oficinas. Ella es jefa de sección. Él es el mensajero, un muchacho más joven. El flirteo lo inició él, sabiendo que transgredía las normas del lugar. Ella se dejaba seducir. Siempre que tenía que mandar un recado, se las ingeniaba para que le tocara a él. Así, todos los días.

Ella, Gabriela, Gerente de Marketing en una importante consultora de Miami, se escapaba de la oficina al mediodía, con cualquier excusa para no faltar a la cita que tenía con su mensajero del amor. Era un juego. Él le sonreía y le hacía pequeñas atenciones, como flores y notitas que Gabriela descubría al llegar a su escritorio (Regla número dos: se romántico, pero no dejes evidencia).

A los pocos días, los almuerzos resultaban poco y empezaron a compartir más tiempo e inventaban excusas para quedarse hasta tarde: errores forzados, adelanto de trabajo, reuniones laborales. Una noche de marzo, el intenso coqueteo llegó hasta el escritorio de un mandamás, donde desataron toda la pasión contenida por semanas. ‘Pecamos de ingenuos. Nos metimos en la oficina de un superior a hacer el amor y los gritos lujuriosos se oyeron hasta el otro edificio’, recuerda Gabriela (Regla número tres: en el trabajo, nunca).

Esta historia les costó el trabajo a ambos. Como siempre el hilo se corta por la parte más delgada, Juan fue despedido sin mayores explicaciones y Gabriela fue destinada a otra oficina, con un sueldo menor.

Especialistas en el tema explican que las personas que buscan amor en el trabajo sufren carencias afectivas y falta de atención en sus hogares. “Por eso, ser halagadas, que haya alguien que se preocupe de ellas, produce este encantamiento que, por lo general, no es verdadero amor (No, muchas veces es sólo sexo).

El psicólogo Giorgio Agostini piensa que, en ese contexto, es fácil que una relación netamente laboral se transforme en una relación más personal. “Esto se da mucho en las psicoterapias, en donde los pacientes cuentan historias de vida y se sienten, por primera vez, escuchados. Entonces, es esta atención la que termina enamorando al paciente de su doctor”, cuenta. (Regla número cuatro: no pierdas el tiempo en enamorarte de tu analista)

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